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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 6 dias, 11h.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :8182838485
Parte 18 :8687888990

Round 2-1

Parte 19 :91
[Chapter Cover]
Parte 18, Capítulo 89.

Capítulo 89

Traducido por Bardock


Eleim, Xeniloum, Naurb y un cuarto luchador del universo 19 estaban cara a cara con los Kaioshins del universo 1. Afortunadamente, estos últimos no dormían debido a las visitas frecuentes que recibían. Una vez más, alguien necesitaba formularles una petición:

—¡Me la ha robado! ¡Quiero recuperar mi armadura! —repitió Xeniloum por segunda vez.

—Esta no es una petición caprchosa —añadió Eleim haciendo un paso adelante y dejando atrás a su amigo.

Xeniloum estaba estresado sin su armadura.

—Nuestras armaduras son extremadamente peligrosas y difíciles de manipular —intervino Naurb—. Ese tal Boo no sabe nada. Podría atomizarnos a todos si la manipula como si fuera un juguete.

—La amenaza es real —suspiró Eleim—. Tenemos que recuperarla inmediatamente.

Los Kaioshins se miraron y necesitaron unos segundos para tomar una decisión. A continuación, la Kaioshin del Oeste dijo:

—Muy bien, vendré con vosotros. Iremos a visitar al luchador del universo 4.

Ella caminaba hacia la salida mientras los cuatro guerreros del universo 19 le pisaban los talones. A fuera no había nadie más a parte de ellos cinco. Entraron en el espacio del universo 4 y la Kaitoxin del Oeste llamó a la única puerta que había. Boo los invitó a entrar enseguida. ¿Esperaba esa visita? Aunque la habitación había sido solo hecha para él, había seis sillas alrededor de una mesa larga que Boo había instalado. Sonriendo, se dirigió a ellos saludándolos con la mano e invitó a la pequeña tropa a que se sentaran. Todos se sentaron excepto el cuarto luchador del universo 19.

—¿Qué puedo hacer por vosotros? —preguntó Boo irónicamente, considerando que sabía los motivos de esa visita.

—Estos hombres quieren recuperar la armadura que les has robado durante vuestra batalla —empezó la Kaioshin del Oeste.

—La he ganado jugando limpio. Ninguna norma del torneo prohíbe absorber una armadura.

Había contestado rápidamente. Se había preparado sus argumentos para apoyar su defensa.

Xeniloum lanzó una mirada de confusión a la Kaioshin del Oeste, quien respondió:

—Tienes razón... No obstante, ellos afirman que sus armaduras son increíblemente peligrosas y difíciles de utilizar. Merecen tenerla lo más pronto posible para evitar un accidente.

—Será peligrosa para alguien que no sepa hacerla servir —precisó Boo.

—¿Qué? —gritó Xeniloum—. ¿¡Sabes usarla?! ¡Es imposible!

—¡Calma! —intervino la Kaioshin del Oeste dirigiendo su atención hacia Boo—. Apelo a tu juego limpio: devuélvele su armadura. Si quieres quedártela, ya decidiremos qué hacer al final del torneo.

Boo miró a Xeniloum:

En Bu mirà en Xeniloum:

—Sé quién es Ginyu... Porque un miembro del universo 8 no está en su cuerpo original.

Xeniloum alzó una ceja y se quedó boquiabierto. Boo parpadeó dos veces y dijo:

—Lo siento, estaba pensando en otras cosas. Si quieres tu armadura, tendrás que pasar a través de mi cuerpo como en el combate.

Entonces se levantó, se ensanchó y se arrugó al igual que cuando había absorbido la armadura en el ring.

—De todas maneras, esta armadura ya no me sirve. No me importa devolvérosla.

Delante de Boo, los guerreros del universo 19 no sabían qué hacer.

—Ya lo haré yo —dijo Xeniloum—. Ahora o nunca.

Estaba desesperado para recuperar su armadura y no le importaba lo que pensaran sus compañeros. Travesar por segunda vez la criatura rosada no sería peligroso. La armadura era su vida.

—¡Cuando quieras —dijo Boo con una gran sonrisa en sus labios.

A la hora de la verdad, Xeniloum no sabía qué hacer. ¿Caminar hacia él? ¿Correr? ¿Saltar? Combinó las tres acciones. Avanzó con seguridad y, después de correr un poco, saltó con los brazos en posición de cruz para protegerse.

Cuando traspasó su cuerpo, tuvo una sensación de asco; una sensación que no tuvo tiempo a experimentar durante la lucha. Entonces, una fuerza misteriosa hizo de descruzara los brazos y se aferró a su cuerpo. Xeniloum cerró los ojos hasta que tocó el suelo con la planta de sus pies. Abrió los ojos y se dio cuenta satisfactoriamente que volvía a vestir su armadura. No había sufrido ningún desgaste; de hecho, se sentía mejor que nunca. Detrás de él, sentía cómo sus compañeros insultaban a Boo: ¿cuánto rato había pasado antes de reaparecer? ¿Era un truco? Fuera como fuera, había recuperado su armadura.

Por otro lado, Xeniloum no sabía que Boo había tenido tiempo de analizar su ADN, sus huellas digitales y oculares, sus ondas cerebrales y su energía. En definitiva, todo lo que fuese útil para desbloquear su armadura. Había tenido tiempo de crear una réplica exacta y perfecta. Con todos esos datos adquiridos, no tendría problemas para usarla más adelante. Boo volvió a la normalidad y miró a los otros tres guerreros y a la Kaioshin del Oeste. Todos estaban de pie i ninguno de ellos se había dado cuenta del engaño. Boo podría hacer reaparecer la armadura con un simple chasquido y nadie sospecharía.

Xeniloum, con una sonrisa, le dio la gracias a Boo. La Kaioshin hizo lo mismo. Eleim también se lo agradeció, pero los otros restaban prevenidos y cautelosos. Boo sonrió de nuevo y los dejó marchar. Cuando se cerró la puerta, su sonrisa se volvió aún más amplia:

—¡Por fin! ¡A ver qué puedo hacer ahora que he copiado todas sus ondas cerebrales! Me lo pasaré genial. Pero aún he de revisar algo...

Boo colocó dos dedos en su frente y desapareció...

La "noche" estaba a punto de finalizar. Muchos guerreros comenzaban a despertarse mientras los primeros espectadores empezaban a llegar a través de las naves de los Vargas. En el espacio 8, la familia de los Demonios del Frío no habían dormido. King Cold había intentado echar una siestecilla, Freezer seguía indagando sobre sucesos del pasado y Cooler siguió buscando las Dragon Balls durante toda la noche, incluso después de ser noqueado. No sabía que, para evitar la descalificación de su universo, alguien lo ayudó a pasar desapercibido. Vegetto lo había detenido cuando se dirigía de lleno hacia un grupo de Namekianos y de Vargas. Por otro lado, Boo se había ocultado de la vista de los supervisores Namekianos.

Pero las Dragon Balls no estaban ahí y Cooler volvió decepcionado a su espacio. Sentado en una silla al lado de su padre, le dijo:

—He buscado toda la noche... y nada, absolutamente nada.

Tenía la cabeza sobre su mano y el codo apoyado en la mesa.

—Ni siquiera sé quién me ha atacado...

Cold alzó una ceja. ¿Quién demonios se había atrevido a atacar a su descendiente? Preguntó:

—¿Y dónde está tu hermano?

—Ha vuelto a la nave. Creo que hay algo que le preocupa. Me parece que está irritado. No obstante, ahora empezará la segunda ronda.

Cold casi no prestaba atención a las protestas de Cooler. Prefirió dirigirse a uno de sus secuaces:

—¡Eh, tu! ¡Hazme una armadura nueva con una capa bonita! ¡La segunda ronda está a punto de comenzar y quiero mantener mi presencia real! ¡No quiero ser un rey sin capa! —dijo Cooler mientras se giraba hacía Cooler.

—¡S... Sí! ¡Enseguida! —dijo la pequeña criatura azul que marchó rápidamente para hacer lo que le habían encomendado.

Un poco después, una puerta se entreabría en el espacio 9, justamente situado al lado de los Demonios del Frío. Dentro, Videl y Trunks seguían durmiendo en una cama doble muy bien decorada. La habitación estaba iluminada por la luz del pasillo y alguien entró a través de una pequeña obertura de la puerta.

El visitante misterioso caminó de puntitas hacia un lado de la cama. Vio que Trunks dormía con las manos cerradas. El hombre se desplazó al otro lado de la cama. La Videl dormía panza arriba con un brazo encima de su cabeza. Las sábanas estaban ligeramente bajadas.

—¡Oh, oh! —hizo la persona misteriosa con una sonrisa de oreja a oreja.

Tendió su mano, la cual fue a parar delicadamente encima de un pecho de la joven. Ésta se despertó enseguida con los ojos bien abiertos. Instantáneamente, se envolvió de una aura roja brillante y bofeteó la mejilla del desconocido con su mano, mientras que con la otra, con el puño cerrado, le clavó un golpe en el ojo. No le importaba quién fuera. ¡Se merecía ese castigo!

El pervertido salió disparado contra la otra pared. La habitación se iluminó rápidamente. Krilin i Ten Shin Han entraron a la habitación alarmados por el grito de la Videl, mientras que Trunks se despertaba lentamente.

—Déjame dormir, ya he aprendido la lección —dijo el chico con una voz cansada.

Krilin observó el hombre que estaba contra la pared: era Ro Kaioshin!

—¿Has golpeado a un Dios?

—¡Ese pervertido me ha tocado los pechos! ¡Aunque sea un Dios se lo merece!

—¡Eh, no! —contestó el Kaioshin con una voz temblorosa—. Només... M’he equivocat d’habitació!

—Mentiroso!

Krilin y Ten Shin Han ayudaron al Dios a levantarse. El calvo grandote salió de la habitación con él mientras Trunks se tocaba el cabello.

—Ha causado más miedo que daños —dijo Krilin—. Ahora que estamos todos levantados quedaremos para desayunar en unos minutos.

Krilin mantenía su sonrisa. Le hacía gracia la situación. Recordó aquella vez en la que, después de morir, fue a visitar al Kaiosama del Norte para aprender técnicas que le ayudarían a proteger la Tierra de una invasión extraterrestre. Ese Dios obligó a Ten Shin Han y a él a explicarle un buen chiste, es decir, tenían que hacerle reír si querían que los entrenara. Si no lo hubieran conseguido, seguro que el destino de la Tierra no hubiese sido el mismo. ¿Todos los Dioses siempre son tan bromistas?

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