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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan, Marcelo Pérez, Logan y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 5 dias, 9h.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :8182838485
Parte 18 :8687888990

Round 2-1

Parte 19 :9192939495
Parte 20 :96979899100

Round 2-2

Parte 21 :101102103104105
Parte 22 :106107108109110
Parte 23 :111112113114115

Night 2

Parte 24 :116117118119120

Round 3

Parte 25 :121122123124125
Parte 26 :126127128129130
Parte 27 :131132133134135
Parte 28 :136137138
[Chapter Cover]
Parte 18, Capítulo 88.

Capítulo 88

Traducido por Bardock


Vunnvenly. Este planeta suntuoso albergaba una de las civilizaciones más pacíficas de la galaxia. Se construyeron, ante moles de años, palacios lujosos, rascacielos y monumentos. Pero fueron invadidos por los Demonios del Frío, quienes apreciaron ese planeta como una obra de arte. No lo destruyeron. Se establecieron. Vunnvenly ganó en turismo, reputación, belleza y cultura. Muchas personas se alojaban ahí para disfrutar de su retiro. Vunnvenly, una joya de la belleza y magnificencia, se convirtió en la capital universal de la cultura, al mismo tiempo que se consolidaba como la capital del Imperio del Governador Freezer.

En innumerables universos, este centro multicultural universal se libró de la destrucción i del reinado de los Demonios del Frío. Pero en algunos universos...

Universo 8, treinta años antes...

Freezer volaba un centenar de metros por encima del suelo. Anonadado, contempló los daños causados por un guerrero temible: un Saiyano. Freezer tuvo que enfrontarse contra él porque era más poderoso que todos los Saiyanos que havia conocido y hasta incluso era más poderoso que todo el Comando Ginyu junto. Fueron cinco contra un solo Saiyano y uno de sus camaradas y Freezer tuvo que transformarse y luchas en su forma original para combatir y eliminar por sí mismo el Saiyano. La destrucción total de la capital fue una consecuencia de la batalla.

La capital había sido próspera y gozosa, y se había convertido en un enorme campo de batalla. Fuera donde fuera que emplazara sus ojos, Freezer solo veía desolación, ruinas y humo que se dispersaba hasta el cielo. Miró a su alrededor; había una docena de cráteres enormes. El Comando Ginyu permanecía ahí, deseando que su patrón volviera con noticias refrescantes. Rechinando los dientes, el Demonio del Frío descendió del cielo, aterrando en el suelo con fuerza.

El Comando Ginyu se aproximó. Arrodillándose, el Capitán Ginyu bajó la vista como símbolo de sumisión. Su armadura estaba resquebrajada y tenía diversos rasguños por todo el cuerpo. Detrás de él, Burter, que estaba un poco más herido, llevaba en brazos un inconsciente y malherido Jeice. A la derecha de Burter, Recoome estava un poco más atrasado. Parecía que era el que había sufrido más daños. Su armadura estaba hecha añicos, y su túnica estaba rota por su lado derecho. Tenía muchas rascadas. Respecto al último miembro, Guldo, ni los mejores servicios médicos pudieron salvarle la vida...

Freezer estaba que trinaba. Chilló con los puños cerrados:

—¡La capital de mi imperio! ¡Destruida! ¡Una joya de belleza y grandeza! ¡No queda nada!

No era nada relevante que la mayoría de sus ataques hubieran causado la mitad de la destrucción. Buscaba un chivo por tal de no autoinculparse. Ginyu alzó la cabeza:

No era gens rellevant que la majoria dels seus atacs causessin la meitat de la destrucció. Buscava un segall per tal de no autoinculpar-se. En Ginew aixecà el cap:

—Es culpa mía, señor. No he sido capaz de detener al Saiyano. ¡Asumo toda la responsabilidad!

Freezer golpeó el suelo con su cola blanquinosa, levantando piedras y polvo.

—¿Ah, sí? —le respondió.

Su cólera era tan intensa que solo había una manera de saciarla. Apuntó con un dedo a Ginyu. Algunos de los soldados de Freezer aparecieron detrás de él.

Ginyu estaba paralizado. Anticipaba lo que se le venía encima. Finalmente, no respondió nada después de un momento de duda. Un segundo después, un sutil rayo violeta lo perforó al medio de su pecho. Ginyu se crispó. Todos sus músculos se desestabilizaron y se quedó sin aliento. A su alrededor, los otros miembros de las tropas quedaron boquiabiertos. Jeice cayó de los brazos de Buerte. Entonces, los músculos del capitán de las tropas se quedaron sin energía y se contrajeron. Cayó de espaldas totalente inmóvil.

—¡Id buscando un nuevo nombre para vuestro comando! ¡Estoy hasta las narices de las jugarretas de este esbirro lamentable! ¡Se acabó el baile! ¡Quemad ese cuerpo!

Ningún miembro del comando podía moverse. Por un lado, no era competencia de ellos quemar cadáveres. Además, tenían un gran respeto por su comandante. Ellos no harían nunca una cosa así.

Como nadie se movía, uno de los hombres de Freezer tomó la iniciativa. El joven Poar se aproximó lentamente y con dudas, pero se apresuró al ver que nadie no le echaba nada en cara. Cogió el cuerpo de Ginyu pasando el brazo izquierdo de este por detrás de su hombro y lo arrastró hasta a un edificio. Llegaron, lentamente, a su destino: un crematorio.

Dejó caer el suelo para programar la máquina. Ginyu estaba echado en el suelo. Poar lo miró durante un instante y le clavó una patada a las costillas. Eso le pareció bastante satisfactorio; era muy agradable pegar a alguien mil veces más fuerte que él sin recibir ningún tipo de castigo! Pero se hizo daño en el pie cuando golpeo esa armadura negra.

Escupió encima del cadáver, le dijo toda clase de insultos y volvió a la máquina para finalizar con el proceso de incineración. Cuando ya estaba preparada, se giró hacia al cuerpo de Ginyu. Estaba tumbado boca arriba e inmóvil.

¿Boca arriba?

Poar se aproximó y se arrodilló. De repente, Ginyu abrió los ojos, chilló algo y la mente del joven Poar se perdió en una enorme confusión. Una resplandor lo deslumbró. Tuvo la sensación que algo que salía de su boca lo ahogaba. A continuación, perdió visión y todo seguido sufrió un dolor muy intenso en el centro de su pecho. Su vista estaba nublada i se encontraba mal. Tenía frío y se encontraba tumbado en el suelo. Intentaba escuchar algo pero no sintió nada que lo tranquilizara. Entonces tuvo la sensación que alguien lo depositaba en una superficie menos dura que el suelo y tuvo una ligera impresión de movimiento como si rodara en una cinta. La sensación de frío se desvaneció. Un calor lo envolvió y lo reconfortó desde el primer momento. Ese calor tan dulce lo comenzó a cocer y a abrasar. Pero no tenía aliento para chillar ni batallar. En unos segundos todo se acabaría...

El cuerpo de Ginyu desapareció pero su espíritu vivía en otro cuerpo gracias a una técnica formidable: el Cambio de cuerpo. Ginyu se convirtió en Poar i el propio Poar murió en su lugar.

Freezer estaba sentado en su cápsula antigravitatoria. Con la cabeza inclinada hacia delante, sus dedos entrelazados y tocando sus labios, reflexionaba sobre todo lo acontecido en aquella época. Solo podía pensar en la conclusión que Boo le había revelado:

Es evidente... El Capitán Ginyu no está muerto... ¡Se esconde entre mis soldados! ¡¿Pero en qué cuerpo está ahora?

Pensó en las personas más próximas a él y obvio enseguida a su padre y a su hermano. Le faltaban los miembros del Comando Ginyu, los de Cooler y varios guerreros más o menos importantes, así como la tripulación de su nave...

Pero era imposible de adivinarlo...

Ginyu era un ser muy inteligente. Un estratega que todo lo preveía anticipadamente. Era como un actor con la capacidad de interpretar varios papeles a la perfección y sabía actuar de acuerdo con la situación.

Le daba igual habitar el cuerpo miserable de Poar. Prefería eso antes que morir. Al fin y al cabo solo era un cuerpo provisional. No obstante, sabía que no podía cambiar de cuerpo constantemente por tal de no despertar sospechas. Por lo tanto, Ginyu interpretó el papel de Poar durante diversos días hasta que sintió hablar de un asalto a un planeta cuyo nombre no le decía absolutamente nada.

¡Las guerras y los combates eran unos pretextos perfectos! Así pues, Poar se inscribió como voluntario para participar en esa batalla. Ginyu había calculado y elaborado su plan al pie de la letra. El líder de la fuerza de ataque se llamaba Nemokid. Él era el capitán. Aunque fuera insignificante, su fuerza era superior a la que entonces poseía Ginyu. Siempre estaba rodeado de guardaespaldas y se escondía en una retaguardia blindada lejos del frente. Fue muy fácil para el pequeño Poar pasar desapercibido i esconderse en la penumbra para desplazarse rápidamente i con precisión a fin de llegar hasta el capitán. Con una voz grave, exclamó:

—¡El enemigo está aquí! ¡Nos ha cogido desprevenidos!

Bajo las órdenes de un capitán Nemokid que temblaba, los dos guardaespaldas partieron. Había previsto este resultado: se encontraban cara a cara a solas. Ginyu utilizó inmediatamente su técnica del Cambio de cuerpo. Estaba dentro de Nemokid. Delante de él, había un Poar que no entendía nada, salvo una cosa: le habían hecho una mala pasada. El nuevo capitán Nemokid lo eliminó con un ataque débil de energía, suficiento para hacerlo explotar.

Cuando los dos guardaespaldas volvieron, se encontraron con los restos del cuerpo de Ginyu y los observaron. Ginyu intervino rápidamente:

—¡Se ha aliado con el enemigo y ha intentado eliminarme! ¡Limpiad esta podredumbre! Tengo que ganar la batalla.

Ginyu estaba preparado para interpretar todos y cada uno de los papeles. Nemokid estaba ahí para ganar la batalla y estaba dispuesto a cumplirlo, incluso cuando el ejército de Nemokid había perdido terreno. Ginyu ganó sin dificultades. Después de la guerra, Ginyu reflexionó sobre el siguiente paso. Nemokid era bastante viejo. Estaba a punto de retirarse, cosa que impediría que ganara terreno y se relacionara con los más poderosos. Tendría que cambiar de cuerpo en un futuro no muy lejano. Además, no sabía si Nemokid tenía familia, trabajo, etc. Eso era un problema...

Cuando volvió a la capital, Ginyu recordó una promesa pendiente que le había hecho a un viejo amigo que estaba encamado desde hacía muchos años. Un amigo que sería un blanco perfecto para salvarse el cuello. Lo conocía desde hacía varias décadas. Al igual que él, ese soldado había participado en numerosas batallas antes de caer enfermo. Era una de esas personas con las que Ginyu tenía plena confianza: un amigo de verdad.

Estaba mantenido artificialmente con vida gracias a una habitación situada en una especie de hogar para moribundos. Sin esos aparatos moriría en cuestión de minutos. Su espíritu viviría dentro de un cuerpo débil, casi paralizado.

Ginyu no perdió el tiempo y se lo contó todo. Afortunadamente, su amigo aún podía escucharlo y comprenderlo perfectamente. Le propuso el cuerpo de Nemokid para él; un soldado que estaba a punto de retirarse.

El nuevo investigador de Freezer, Nabana, ejercía sus funciones correctamente. Investigó muchas cosas y descubrió el nombre del paciente visitado por el paciente hacía treinta años. Era un hecho insólito, pues el capitán Nemokid no había visitado a nadie en la capital.

Analizar los archivos para hallar a Ginyu era una tarea ardua. Después de diversas horas, Nabana dijo que, después de investigar centenares de vidas, se necesitaría mucha suerte para desenmascarar a Ginyu. Así pues, hizo servir su cerebro y la lógica y se encomendó al azar.

Si ese tal Nemokid era Ginyu... ¿había ido a visitar un tipo moribundo solo para cambiarle el cuerpo? Entonces, Freezer lo entendió: muchos individuos harían cualquier cosa para disfrutar de una vida relajante bien lejos de la agitación de la capital o el tumulto de la guerra. ¿Y si solo era para sobrevivir? Un hombre moribundo que obtendría el cuerpo de un retirado no tendría razón alguna para desvelar la verdad. Si Ginyu había adquirido el cuerpo del paciente para deshacerse del de Nemokid, entonces después se vería obligado a intercambiarlo con el de una enfermera..., pensaba Nabana. El investigador buscó la primera enfermera que cuidó el paciente después de la visita de Nemokid. No... la primera sería demasiado evidente. La segunda también...

Nabana no dudaba que Ginyu era un ser inteligente. Tenía que pensar como él para encontrarlo. Ginyu nunca había intercambiado el primer cuerpo con el que se había encontrado. Nabana comprobó los informes pertenecientes a la segunda enfermera: cogió la baja laboral por enfermedad después de dos errores médicos graves el mismo día y una pérdida de memoria que le impedía llegar a su casa.

Seis meses después, murió a causa de un accidente terrible delante de su hijo de siete años. Un niño que, después de ser investigado, sacaba unas notas perfectas en la escuela. Desde el punto de vista de Nabana, ese niño siempre había sido un mal e inmaduro estudiante con retraso mental.

Durante varias horas, Nabana estudió minuciosamente informes, apuntes y otros documentos administrativos relativos al hijo de la enfermera. No encontró ningún dato hasta su arresto a los veintidós años después de diversos delitos menores junto con un atraco en el cual salió mal parado. Los estudios psicológicos posteriores revelaron que el muchacho sufría un trastorno grave de doble personalidad. Una de ellas había suplantado totalmente la otra: ya no era ese hijo pródigo con unas notas perfectas, ni tampoco era de aquellas personas que se alistarían para ser parte de las fuerzas del orden.

En esa época, todo eso totalmente impensable. Nabana sabía la verdad. Ginyu había adquirido el cuerpo de un miembro de las fuerzas del orden. ¿Pero, cuál? Nabana los tenía que comprobar todos y esto lo mantendría ocupado durante el resto de la noche.

Ginyu se sentía seguro después de tantos años. Dieciséis años después de su "muerte", seguía vivo y nadie lo sabía. Pero era consciente que no tenía que dejar ningún rastro. No se podía permitir el lujo de cometer un error.

En el cuerpo de un agente de policía, empezó a preparar un plan de gran magnitud para volver a ascender en rango y en poder.

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