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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan, Marcelo Pérez y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 10h., 05m.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :8182838485
Parte 18 :8687888990

Round 2-1

Parte 19 :9192939495
Parte 20 :96979899100

Round 2-2

Parte 21 :101102103104105
Parte 22 :106107108109110
Parte 23 :111112
[Chapter Cover]
Parte 1, Capítulo 4.

PARTE UNO: ¡UN TORNEO REALMENTE EXTRAÑO!

Capítulo 4

Traducido, revisado y encodeado por Killcrom. Agradecimientos a Héctor4 por su primera traducción, que no fue utilizada finalmente


Los recuerdos de lo que ocurrió en la habitación del Espíritu y el Tiempo hicieron que Vegeta esbozase una sonrisa.

—¡Tan solo hay una forma de comprobar si sigues siendo el más fuerte de nosotros, Gohan! —dijo, riendo entre dientes.

—Lo siento, Vegeta, pero no —respondió el hijo primogénito de Son Goku, alzándose las gafas con un dedo—. No soy como mi padre, así que no vas a conseguir de mí ni una respuesta más. Me parece bien ir de espectador.

—Espero realmente estar a la altura de las expectativas del maestro Goku —murmuró Ub—, y espero también ser capaz de impresionar a Gohan y Vegeta.

Quizá dándose cuenta de las dudas de su discípulo, Goku colocó con firmeza la mano en el hombro de su pupilo.

—No te preocupes, Ub. Seguro que te las apañarás bien y no tendrás problemas.

—Lo haré lo mejor que pueda. —El chico de piel morena sintió la sangre agolparse en sus mejillas.

—¿Y el abuelo Satán? —preguntó Pan—. No ha venido, así que…

—Bueno, podrías ir a verle y preguntarle tú misma —sugirió Goku.

Pan levantó con entusiasmo.

—¡De acuerdo! ¿Vienes conmigo?

—Lo siento, Pan, esta vez no —contestó Son Goku—, tendrás que ir tú sola, me temo. Necesito ir a ver a alguien antes de que vayamos al torneo.

—Vale, bueno… ¡nos vemos entonces!

—¡Pan, espera! —gritó demasiado tarde Videl. Su hija había adquirido el mal hábito de esfumarse sin permiso cuando le convenía (para evitar que le regañasen).

La niña despegó a toda velocidad hacia Satan City dejando un halo de luz tras de sí. En otras circunstancias, a Pan le habría molestado que su abuelo no quisiera acompañarla, pero como iba a poder ver a su otro abuelo, se sentía alegre.

Gohan envolvió los hombros de Videl con sus brazos. Ella lo que sintió como un cálido y reconfortante gesto.

—No te preocupes, regresará en unas horas. Además, ¡a esa velocidad dudo de que algo pueda alcanzarla! Estará bien…

—Lo sé —sonrió Videl—, pero al menos debería pedirnos permiso. Al fin y al cabo todavía es una niña…

—¡Os veré a todos por la mañana! —exclamó Son Goku, anunciando su partida—. ¡No os marchéis sin mí!

Goku desapareció tan rápido que ni tan siquiera Ub tuvo tiempo para reaccionar:

—¡Oh! Maes… tro… Goku.

Era obvio para todos de quién había aprendido Pan los malos hábitos. Su abuelo se había marchado sin previo aviso, sin tan siquiera molestarse en decirles a dónde iba. ¿Cuántas veces le había visto Chichi desaparecer de casa durante días o semanas seguidas, o incluso por años? Sin embargo, por el tiempo que llevaban casados, Chichi ya estaba cansada de quejarse. Después de todo, él siembre regresaba; ¡volvía hasta de entre los muertos!

—Bueno, no creo que vaya a ir con vosotros, chicos, pero al menos puedo hacer algo útil. —Por fin Bulma rompió el silencio que Goku había dejado tras su abrupta partida—. Supongo que este torneo no va a ser nada sencillo, así que… os prepararé a todos armaduras especiales que puedan absorber parte del daño.

—¿Te refieres a las mismas que hiciste antes del Juego de Cell? —preguntó Vegeta.

—Por supuesto —contestó su esposa—. Probablemente me tome toda la noche, pero me sentiré mejor sabiendo que al menos vais bien equipados.

—¡No necesito que te preocupes por mi marido! —protestó Chichi, frunciendo el ceño—. ¡Él tiene todo lo que necesita en casa! ¡Gohan, sé un buen hijo y ve a traerle a tu padre ropa nueva!

—De acuerdo. La recogeré de camino a casa, mamá —aceptó él.

—Espera, yo voy también —declaró Videl.

—Goten —dijo Trunks—, deberíamos encontrar un buen lugar abandonado para pasar la noche. ¿Qué te parece?

—¡Buena idea! —contestó su mejor amigo, asintiendo.

Por fin, Gohan, Videl, Trunks y Goten se marcharon volando por direcciones diferentes, dejando tan solo a Vegeta como visitante.

—Y por fin nos quedamos solos… —dijo Piccolo.

Vegeta le miró a los ojos:

—¿Y qué? No podría importarme menos… —espetó con desprecio—. No puedo esperar a aplastaros a todos en el torneo.

—¿Me llevarías volando a casa, cariño? —Bulma se colgó de los hombros de Vegeta.

—Si insistes… —se resignó Vegeta—. ¿Y tú, Bra?

—Voy a sacar una cápsula y volar a Satan City —explicó su hija.

—Como quieras —gruñó Vegeta.

Después de dejarle una cápsula con un avión para su hija, Bulma fue tomada en brazos por su marido:

—¿Sabes? —La mujer sonrió con picardía, agarrándose más fuerte y acercándose a Vegeta—. Pretendo disfrutar de nuestra última noche juntos antes de que te vayas…

—¡Idiota! —contestó Vegeta, ruborizándose—. ¡Dilo delante de todos ya que te pones!

Kame House. Para muchos, incluyendo a Bra, no era más que una isla remota desprovista de cualquier cosa de interés. Para otros, sin embargo, había sido un cálido paraíso y conveniente punto de reunión. Solo unos pocos afortunados podían referirse a ella como su hogar.

Habiendo vivido en la pequeña isla el último siglo (o quizá los dos últimos), Mutenroshi solía pasar el tiempo pescando sobre el caparazón de su tortuga, Umigane, o más a menudo mirando a mujeres ligeras de ropa haciendo ejercicio en la televisión. ¡Eso siempre que no estuviera inmerso en sus revistas de temas… sucios! Su comportamiento no había cambiado lo más mínimo desde la primera vez que conoció a Son Goku y Krilin, y tampoco cuando este último se asentó en el lugar con su mujer, A-18, veinticinco años atrás.

Cuando Goku llegó a la isla mediante su teletransporte, escuchó de inmediato a Krilin y Roshi discutiendo por lo mismo que habían discutido durante décadas.

—¡No, no lo es! —gritó el mejor amigo del saiyano.

—¡No tienes derecho a darme órdenes, mocoso! —contestó el duende tortuga, como se le conocía—. ¡Soy tu maestro y me debes algo de respeto!

—¡Oh, venga ya! ¡Te superé hace siglos!

—¡No importa! ¡Soy de lejos el más anciano y simplemente por eso me debes respeto!

El viejo se sentó de golpe cuando sintió al guerrero Son Goku.

—¡Oh! ¡Goku!

—¿Goku? —se giró Krilin, sorprendido.

El saiyano atravesó el umbral de la puerta de la Kame House con su habitual sonrisa amplia.

—¡Hey, chicos! —dijo saludando con la mano.

Muten Roshi había sentido su llegada por mera costumbre. Krilin, por el contrario, la había captado de inmediato. Desde su matrimonio, y especialmente desde el nacimiento de su hija, había mantenido una constante actitud de guardián. Esperaba comprender mejor todo cuanto le rodeaba para detectar posibles peligros con antelación.

El anciano estaba contento de la visita repentina, y no dudó en picar a su viejo alumno:

—Vaya, Goku… ¿Qué te trae aquí? ¿Has venido a ver si sigo vivo?

Una ancha sonrisa iluminó el rostro de Son Goku.

—¡Tengo noticias grandiosas! Resumiendo, voy a participar en un torneo entre diferentes universos. Como me recordó nuestros viejos tiempos, vine a preguntarte si estarías interesado, Krilin —inquirió el saiyano.

— Hmm… ¡suena genial! —Su viejo amigo le miró, interesado—. Me gustaría saber más detalles primero. ¿Qué sería este torneo exactamente?

—Yo también quiero enterarme —declaró Muten Roshi.

Sin más alternativa, Goku les explicó lo mejor que pudo lo poco que sabía sobre la aventura que le esperaba. Krilin cruzó los brazos y pensó unos instantes.

—¡La idea del torneo es muy interesante! —exclamó el anciano—, pero si solo los luchadores más fuertes de cada universo son seleccionados, el nivel de los guerreros allí podría ser… bueno, como mínimo, superior al mío.

—Sí, yo me siento igual, la verdad… —Krilin tornó más serio—. Todo esto suena a poderes muy superiores al mío. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que entrené, pero podría ir a animaros…

—Ni de coña. —La voz de una mujer salió de la nada.

Marron acababa de llegar con su madre. Ambas lucían preciosas, vestidas con ropa actual, aunque quizá demasiado rebelde en el caso de A-18. Su edad nunca traicionaba la belleza que ostentaba. Ser una androide tenía sus ventajas…

—Papá —dijo Marron—, prometiste que iríamos a comprar… ¡No puedes irte ahora!

—¡Ah! Me olvidé por completo. —Krilin parecía entristecido al mirar a Son Goku —Ojalá pudiese ir, pero…

Son Goku colocó una mano, a modo de comprensión, sobre el hombro de su decepcionado amigo.

—No te preocupes, Krilin. Ya te contaré cuando regrese…

—Seguro que, como mínimo, será tan intenso como el Juego de Cell, ¿no crees?

—Es muy probable —respondió Goku con una sonrisa—. De verdad, tengo muchas ganas de que llegue. —Hablando, el guerrero miró su mano e hizo un gesto cerrándola con fuerza, desviando los ojos hacia los de Krilin—. Me recuerda a nuestro primer torneo. ¿Te acuerdas?

El rostro de Krilin se encendió:

—¡Por supuesto! ¿Cómo podría olvidarme de eso? Qué buenos tiempos…

Durante horas, los amigos recordaron el pasado. Más tarde, Goku fue invitado a cenar y dormir en la Kame House. Mutenroshi se unió a la nostálgica conversación, que duró hasta bien entrada la madrugada.

A muchísimos kilómetros de la Kame House, en Satan City

Satan City era realmente distinta a la pequeña isla en que la casa de Muten Roshi estaba. Allí, en vez de calma, los numerosos rascacielos observaban el típico bullicio de la vida urbana. La ciudad fue llamada así veintisiete años atrás, cuando Mr. Satán, el gran héroe de la Tierra, salió victorioso (mintiendo) del combate contra el demonio Cell. Por supuesto, solo unos pocos privilegiados sabían la verdad. Entre ellos se encontraba Bu.

Pero actualmente, el "héroe" de la Tierra se había retirado. Se estaba haciendo mayor. De hecho, solía quejarse por dolores de espalda. Aquel día no era la excepción. Cuando Pan llegó a su gran casa, en el centro de la ciudad, él pidió a Bu que le ayudase con su magia.

La jovencita se lanzó en un abrazo rodeando el cuello de su abuelo. No pudo dejar de hablar. Se apresuró a explicarle todos los detalles del torneo, entusiasmada por participar en él. Satán no terminó de comprender la historia; le pareció bastante dudosa. Pero a pesar de todo, las historias sobre saiyanos eran igual de disparatadas y no por ello menos ciertas, así que ¿quién era él para juzgar? Además, la sonrisa de Pan, conforme hablaba, era muestra de sus sentimientos. Su hermoso entusiasmo era tan bonito de ver que se dibujó una sonrisa bajo el bigote del campeón… una sonrisa que murió tan rápido como escuchó el verdadero motivo de la visita. El silencio se hizo entonces hasta que el abuelo Satán respondió con un quejido:

—¡Ahhhgg! Mi espalda… ¡Mi espalda otra vez! Se está poniendo peor… No es posible… no creo que pueda ir. ¡Qué lástima!

—Pero abuelo… —Pan se retiró un poco.

Bu extendió la mano hacia el anciano, sosteniendo en la otra una enorme piruleta:

—Está bien… yo te cuidaré.

—¿No vas a venir tampoco? —le preguntó Pan.

Hubo otra pausa. Bu se imaginaba como campeón del torneo. Si lograba ganar, podría tener una galaxia entera de dulces solo para él. Una gran sonrisa llenó su rostro antes de que una voz le hiciera despertar del sueño.

—Su pedido ha llegado, señor. —Un sirviente, vestido todo de blanco, entró en la habitación e hizo una leve reverencia.

—¿Mis dulces? —interrogó Bu.

—Sí, señor —ratificó el sirviente—. Tres camiones de dulces.

—¡Sííí! ¡Yuju juuuuu! —El rostro del monstruo se iluminó.

Parecía evidente para Pan que Bu no se inscribiría en el torneo. Cuando este iba a comenzar a devorar sus dulces, Pan preguntó al abuelo si no le había visitado un pequeño robot.

—Hmmm… —reflexionó Satán—, así que era eso. Pensamos que era algún tipo de cámara o espías que querían filmarnos, así que Bu lo convirtió en chocolate y se lo comió.

Definitivamente, Bu no había dejado de sorprender a la muchachita en todos aquellos años.

A la mañana siguiente, Goku ya estaba preparado para irse. Miraba pensativo la inmensidad del océano cuando Krilin, junto a A-18, se le unieron para darle un último empujón de ánimos.

—¿Y hay recompensa? —preguntó la androide.

—Sí. Creo que es un deseo de las Bolas de Dragón de Namek —contestó el saiyano.

—¿Estás interesada? —Krilin lanzó una mirada de sorpresa a su esposa. Sonriente, ella se dio la vuelta y cerró los ojos.

—Ya tengo todo lo que necesito aquí mismo. —Con delicadeza, dio un beso en la mejilla de su marido antes de regresar a casa, dejando tras de sí al hombre sonrojado por la vergüenza de su modestia.

Con una gran sonrisa, Goku colocó dos dedos en la frente mirando a su amigo:

—¡Nos vemos!

—¡Confío en que… ¡en que vas a ganar! —sonrió Krilin, alzando el pulgar hacia Goku.

La imagen de la sonrisa de confianza de Son Goku estremeció el corazón de Krilin mientras desaparecía, teletransportándose.

Eran sobre la diez de la mañana cuando la tranquilidad del santuario de Dende, dios de la Tierra, se rompió. Gohan y Videl llegaron unos minutos antes, volando despacio. El científico, mitad saiyano, llevaba una maleta con ropas para él, su hermano Goten y su padre.

Dende les dio la bienvenida y hablaron con calma, caminando alrededor de la torre mientras esperaban.

La llegada de Vegeta, junto con Bulma, fue una sorpresa. El príncipe llegó en un avión conducido por su mujer al palacio, ¡y eso que casi nunca solía montar en ninguno!

Él fue el primero en salir del vehículo con los brazos cruzados. Bulma apareció inmediatamente después, maldiciéndole, con un maletín grisáceo entre las manos.

—¡Vegeta! ¿Necesito recordarte que tienes que llevarlo tú? ¡No pienso ser tu sirvienta!

—No lo necesito —protestó el príncipe saiyano.

—¡Vegeta! —aulló la mujer de pelo azul.

El aludido gruñó y puso cara de desagrado.

—¡Vale, dámelo!

La disputa le había avergonzado en público y sabía que Bulma era cabezota… Agarró con brusquedad el maletín que contenía las cápsulas que ella había preparado, gesto que la asustó. Vegeta caminó rápido al lugar en que estaba el hijo de su gran rival.

Gohan —dijo el príncipe—, tengo una misión para ti.

—¿Eh? de acuerdo… —Son Gohan se veía un poco sorprendido— ¿De qué se trata?

—Toma. Estás a cargo de esto —ordenó Vegeta, entregando el maletín al hombre.

—¡Vegeta! —gritó Bulma por detrás— ¿Qué te piensas que estás haciendo?

El hijito mimado de Kakarotto ni tan siquiera participa —respondió él, girándose hacia su mujer y con más calma que antes—. Así podrá hacer algo útil.

—¡VE - GE - TA!

—No pasa nada, Bulma. No me importa. —Gohan pasó la mano a través del asa del maletín para sostenerlo.

—Pero Gohan… —Bulma estaba enfadada.

—Siempre fuiste demasiado amable con los demás —dijo Piccolo desde atrás a su viejo alumno.

Gohan respondió tan solo con una sonrisa y alzó las cejas, asintiendo.

—Y como siempre, Trunks no tiene interés en ser puntual —apuntilló Vegeta en voz alta, deseando cambiar de tema.

—De hecho, él y Goten llegaron hace un rato —Respondió Piccolo con voz profunda, casi de forma irónica—. Han ido a ducharse.

—¿Oh? ¿Para variar ha madrugado más que su padre? —observó Bulma, sorprendida.

—La verdad es que él no estuvo la mitad de la noche- —El príncipe se detuvo en seco, dándose cuenta de que la explicación que iba a dar por haber llegado tarde era demasiado vergonzosa. Rápido, concluyó con un suspiro—. No importa.

—Los Vargas están aquí —informó Piccolo, alzando los ojos a la vez que sus cortas antenas se agitaban.

Todos los guerreros caminaron juntos para ver cómo la nave de los Vargas y los Namekianos se acercaba para aterrizar.

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