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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris & Arctika

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan, Marcelo Pérez, Logan y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 3 dias, 14h.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :8182838485
Parte 18 :8687888990

Round 2-1

Parte 19 :9192939495
Parte 20 :96979899100

Round 2-2

Parte 21 :101102103104105
Parte 22 :106107108109110
Parte 23 :111112113114115

Night 2

Parte 24 :116117118119120

Round 3

Parte 25 :121122123124125
Parte 26 :126127128129130
Parte 27 :131132133134135
Parte 28 :136137138139140
Parte 29 :141142143144145
Parte 30 :146147148149150
[Chapter Cover]
Parte 1, Capítulo 5.

PARTE UNO: ¡UN TORNEO REALMENTE EXTRAÑO!

Capítulo 5

Traducido por Killcrom y Genghis Khan. Revisado y encodeado por Killcrom


La nave que se aproximaba culminó su aterrizaje en el palacio y de inmediato se asentó frente al grupo de guerreros. Goku llegó con su teletransporte en ese preciso instante, y al mismo tiempo, Ub apareció desde el interior del palacio, donde había pasado la noche.

Un zumbido metálico, casi dulce, podía escucharse conforme la escotilla de la futurista nave se desplegaba. Una plataforma circular, grande y flotante, apareció desde el casco del navío y comenzó a descender. En ella había un grupo de namekianos y vargas en pie, quienes avanzaron hasta pisar el suelo del palacio ante los guerreros Z.

Goku y su alumno no habían terminado de unirse al resto del grupo cuando un pequeño aeroplano se hizo visible sobre el palacio, alrededor del que se movió antes de aterrizar cerca de Bulma. Bra salió de la cabina y, rápido, convirtió el vehículo en cápsula. Tan pronto se unió a sus conocidos, uno de los vargas comenzó a hablar.

—Bien… ¿está todo el mundo aquí?

Videl dejó escapar un largo suspiro y se giró hacia su marido:

—Pan no ha llegado aún, Gohan…

Sin pensarlo, Gohan miró su reloj, sosteniendo todavía el maletín con el que Vegeta le había cargado con tanto descaro. Sintiendo a su hija, sonrió.

—No te preocupes, ya está llegando. —El enorme maletín que relucía delante de los pies de Gohan contenía ropa para él, su hermano y su padre—. Eh, Bulma —comenzó el estudioso—, no tendrás por casualidad una cápsula vacía, ¿verdad? Parece que he ganado el premio al mayor equipaje.

—Ah, maldita sea… Lo siento, Gohan, debería haberlo pensado —lamentó Bulma, girándose hacia su hija—. ¿No tendrás tú una, cielo?

Bra respondió con un suspiro, el típico quejido de los adolescentes cuando tienen que hacer algo.

—Sí, mamá. —La joven se había dado prisa porque pensaba que llegaba tarde al palacio. Ahora estaba molesta porque tenía que sacrificar todo el tiempo que había ganado buscando la estúpida cápsula que su madre podría haber buscado por sí misma.

Ub estaba perdido entre pensamientos y anticipaciones de lo que estaba por venir. De repente, una mano se posó en su hombro.

—Y bien, Ub, ¿estás listo? —preguntó Goku con una enorme sonrisa. El discípulo casi saltó del susto.

—Eh… E-so creo —tartamudeó el muchacho—. Al menos espero tener la oportunidad de ponerme a prueba…

Como de costumbre, su maestro saiyano no tenía nada más que su confianza para ofrecerle.

—Nada mejor que un buen torneo para eso. No hay nada como experimentar esos combates. Muchas de mis mejores peleas ocurrieron en ellos: mi duelo contra Ten Shin Han, por ejemplo, fue precisamente en el Tenkaichi Budokai. —Goku se giró y se encontró con los ojos de Piccolo—. Lo mismo ocurrió con Piccolo. Y aún no he encontrado nada mejor que el Juego de Cell, ni mis peleas contra Freezer o Majin Bu.

—¡Kakarotto! —la voz de Vegeta pareció romperse de forma súbita— Llámame loco, pero eso ha sonado como si estuvieses sugiriendo que nuestras batallas no hubieran sido...-

—¡Oh! ¡No, no, no, por supuesto que no, Vegeta! —replicó el otro saiyano, interrumpiendo al príncipe—. Nuestros combates están a otro nivel, irremplazable, de verdad. Cada vez que peleamos es una oportunidad para hacernos más fuertes. Lucharía contigo todos los días si pudiera. Ya sabes, pensándolo bien… he echado de menos nuestras peleas.

Vegeta pareció satisfecho con la respuesta, sonriendo con superioridad antes de responder.

—Para que lo sepas, pretendo demostrar en este torneo que la diferencia entre nosotros es cosa del pasado… —dijo con desdén y brillo en sus ojos—. ¡Prepárate!

—¡Hey! ¡Por fin, Pan! —Gohan se irguió rápido, con gesto de satisfacción en su rostro.

Pan había llegado a la cima del palacio de Dende. Aterrizando en las losas grises, se apresuró a través del edificio central, ganando velocidad conforme corría. Cuando cruzó por delante de la entrada principal, Trunks y Goten aparecieron sin aviso. Pan chocó con su tío, golpeándose ambos la cabeza.

—¡Auch! ¡Eso duele! —gritó Pan, caída sobre sus rodillas y frotándose la cabeza con un ojo cerrado—. ¡Tio Goten, ten más cuidado!

—¿Cómo? —replicó él, con tono serio—. ¡Sin duda ha sido tu culpa! De todas formas, ¿por qué ibas corriendo tan deprisa? —Aunque Goten estaba agitado, mantuvo su expresión amigable. Al fin y al cabo, Pan era su sobrina favorita (y única).

—¿Sabes, Goten? Ella tiene razón —añadió Trunks con una risilla—. Aunque iba corriendo muy rápido, nos saltamos una luz roja.

—¿Eh? —inquirió el joven de pelo negro. Trunks esperaba en vano a que su amigo entendiese el chiste.

—Hmm… quizá después cuente un chiste mejor.

Una voz capturó la atención del pequeño grupo, llamándoles para que se acercaran deprisa:

—¡Hey, chicos! —gritó Goku— ¡Vamos, moveos! —El saiyano saludó a los Vargas agitando la mano conforme se acercaba a su nave.

—Rayos… —Goten se deprimió cuando el trío se unió al resto del grupo—, no tenía por qué avergonzarnos delante de todos, gritándonos como si fuésemos niños todavía.

Tanto los participantes como los espectadores se colocaron en la plataforma circular del vehículo, mientras que quienes se quedaban atrás les deseaban la mejor de las suertes. Conforme la plataforma ascendía levitando, Videl empezó a preguntar por la ausencia de su padre.

—¿El abuelo no quiso venir? —se dirigió a su hijita.

—No. Todavía tiene problemas de espalda…

Videl regaló una sonrisa tenue, asegurándose de no romper la imagen que Pan tenía de su abuelo como campeón del mundo.

—Ah, sí, su espalda… ¡Qué lástima!

—Atención a todos —avisó uno de los namekianos—. Pronto partiremos.

—¡Buena suerte! ¡Y por favor, tened cuidado! —gritó Bulma para animarles una última vez antes de que se marcharan.

Un namekiano la tranquilizó con una cálida sonrisa:

—No se preocupe. No hay nada que no puedan arreglar las Bolas del Dragón. Además, no hay motivo para que algo salga mal.

La plataforma circular vibró y comenzó a zumbar conforme levitaba con el grupo hacia el navío. La pieza metálica alcanzó por fin el interior, revelando una única habitación enorme, blanca y casi vacía.

El grupo al completo comenzó a explorar alrededor con curiosidad, pero solo Goku expresó su sorpresa:

—¡Uau! Esto es excesivamente grande… Apuesto a que serviría para entrenar en viajes largos… ¡Sí que me trae recuerdos!

—Bien —habló uno de los vargas—, ya que estamos todos aquí, podemos despegar. Las reglas serán explicadas en la nave nodriza.

Afuera, mientras que quienes no habían ido se alejaban, la nave empezó a iluminarse y rápido, partió hacia los cielos, rumbo a donde la nave nodriza les esperaba. Bulma miró el vehículo hasta que desapareció por completo en el horizonte. En ese instante, tornó triste:

—Parece que me voy a casa… sola.

—No te preocupes… No dudaré en contactarte si recibo noticias, sean buenas o malas —intentó animar Dende, para consolarla.

—Gracias, Dende. Sé que puedo confiar en ti —dijo ella, mirándole afligida.

Todos los que estaban a bordo sintieron un zumbido tenue seguido de un fuerte click; el vehículo se había ensamblado perfectamente con la nave nodriza. Un varga invitó a los pasajeros a acceder al nuevo navío a través de la plataforma circular de levitación. Goku y Vegeta fueron los primeros en salir, opacando el nerviosismo de los demás.

Goku y Pan, a solas, caminaron por la enorme estancia entre curiosos y divertidos. Por su parte, Piccolo y Vegeta se mantuvieron a la defensiva. Para Ub todo era sorprendente, y lo único que pudo hacer fue mascullar un rápido "uau" para nada comparable con la admiración que le produjo aquel enorme domo sobre sus cabezas, que le permitió mirar al profundo océano de estrellas que era el espacio.

Mientras todos continuaban admirando la inmensa sala, Goku preguntó con impaciencia a un Varga si sería muy largo el viaje. El Varga le respondió rápidamente para calmarlo:

—Para nada. Entraremos en el universo donde se celebra el torneo en un momento. Nosotros lo llamamos "Universo Cero". Es un universo sin vida. No hay riesgo de dañar a nadie. Mientras tanto, podéis ir reagrupandoos, puesto que nos reuniremos en una sala para explicaros las reglas del torneo e inscribiros como participantes.

El resto de pasajeros formado por Vargas y namekianos se giraron para contemplar las sonoras manifestaciones de entusiasmo de Goku.

En un abrir y cerrar de ojos, los terrícolas se reunieron para seguir al pequeño Varga a través de un largo pasillo, cuyo revestimiento blanco era demasiado iluminado y casi cegador, y les condujo hacia una sala que parecía bastante ridícula en comparación al enorme hall que acaban de dejar atrás.

En la sala había instaladas unas quince sillas, todas ellas colocadas delante de una gran pantalla con letras negras encima de un fondo azul. El Varga invitó a los participantes y a los espectadores del universo 18 a sentarse mientras él se emplazaba delante de la pantalla. Gohan, que estaba sentado en la tercera fila detrás de Goten y de Trunks, preguntó:

—¿Cuánto tardaremos en llegar, finalmente?

—Mientras os explico las reglas, el motor interuniversal se irá cargando. Normalmente se tarda unos diez minutos en llegar a nuestro destino...

El Varga hizo una breve pausa para permitir que todos se sentaran y atendieran. Al mismo tiempo, el sistema informático de la nave transcribió el lenguaje que aparecía en la pantalla para permitir que los participantes del universo 18 pudiesen leer. El Varga empezó a leer en voz alta, explicando algunos detalles cuando era necesario y respondiendo todas las preguntas planteadas.

—¿De cuánto tiempo disponemos para entrar en el ring? —preguntó Trunks, que estaba preocupado por el tiempo que les tomaría la preparación de la fusión una vez los llamaran a luchar.

—En segundos terrestres, tenéis ciento veinte segundos. Si excedéis ese límite, se trataría de un abandono y perderíais.

—Es más que suficiente —susurró Goten a su mejor amigo.

—No tenéis el derecho a atacar a otra persona que no sea vuestro rival. No podéis recibir ayuda externa durante el combate, pero podéis entrar al ring con cualquier tipo de material, ya sean armas u otra cosa.

—¡Hum! Como si necesitáramos eso —gruñó Vegeta sentado en primera fila con Goku, cruzado de brazos y mirando al Varga.

—Bien... perderéis si no podéis luchar en un lapso de treinta segundos, si quedáis inconscientes, inmovilizados, si morís o incluso si os volvéis invisibles. Tenéis que estar en el campo de visión de los árbitros. Por cierto, os aconsejo que no os acerquéis demasiado a vuestro espacio durante un combate para evitar cualquier sospecha de trampa. Repito: toda ayuda exterior, sea cual sea, está estrictamente prohibida.

—¿Podemos abandonar en pleno combate? —preguntó Ub alzando una mano.

—Claro, siempre y cuando lo manifestéis claramente a los árbitros. No tenéis derecho a atacar a un oponente que se haya retirado. En caso contrario, seríais descalificados.

Por primera vez, Goku parecía atento e inquirió:

—¿Podríamos saber los límites del ring? Si hay, claro...

—Realmente, no hay... se permite cualquier tipo de desplazamiento durante los combates... Es recomendable que cuando luchéis no os acerquéis a los espectadores ni a los otros competidores. Tenéis que considerar que si os movéis demasiado lejos del ring os perderemos la pista durante el tiempo de recuento y seréis, evidentemente, descalificados. Es recomendable mantener el ring como la pista central de lucha. Ya lo entenderéis mejor cuando veáis el estadio.

En ese momento, la nave principal empezó a zumbar durante unos diez segundos. Cuando los pequeños temblores cesaron, el Varga informó que ya habían llegado al Universo Cero.

—Antes de salir de la sala, necesito las identidades exactas de todos vuestros participantes.

Goku se encargó de llevar a cabo el trámite... inscribiendo a Ub, Vegeta, Pan, Gotenks... y también a Son Gohan.

La mención de su nombre lo molestó y protestó enseguida:

—¡Ni hablar, papá!

Goku intentó no ceder:

—Qué pena. Estuviste fantástico contra Cell y contra Majin Bu. Me encantaría ver de qué continuas siendo capaz...

—De ningún modo —replicó Gohan girándose hacia el Varga—. No me inscriba.

—De acuerdo. Confirmadme: he anotado como participantes a Goku, Ub, Vegeta, Pan y Gotenks... Todo correcto, ¿verdad?

Todos asintieron.

—Entendido, valido esta lista.

Y les invitó a que lo siguieran a una sala más espaciosa, cuyos ventanales de cristal les permitían admirar el espacio, las estrellas y un enorme asteroide grisáceo rodeado de varias lunas de colores tornasolados.

—Me imaginé que no habría nada en este universo —dijo Gohan a un Varga.

—Exactamente. Creamos todo este decorado gracias a nuestra tecnología. Mirad, nos estamos acercando al estadio —finalizó el Varga señalando con el dedo.

La nave principal se acercaba rápidamente. El asteroide no era tan pequeño como parecía desde los aires. El estadio tampoco. A medida que la nave avanzaba, los guerreros de la Tierra empezaron a diferenciar diferentes tipos de naves estacionadas alrededor del estadio, cuya forma era esférica.

—Si las cifras os interesan, el estadio tiene dos-mil metros de diámetro y su altura es de ocho-cientos metros en la cima de la cúpula donde se situarán los árbitros. El ring es el miniplanetoide que veis en el centro del estadio. En realidad su diámetro es variable y, grosso modo, debe oscilar los cincuenta metros de diámetro.

—Se parece al planeta de Kaiosama —dijo Piccolo.

—Me pregunto cuál debe de ser su gravedad —dijo Goku, cuya impaciencia parecía aumentar cada vez más.

—Diez veces superior a la del vuestro planeta. Así se compensa la gravedad del asteroide.

«Gravedad artificial —pensó Gohan—. Este asteroide es demasiado pequeño como para atraernos.»

Durante la fase de aproximación por parte de la nave principal, Ub y Pan estaban demasiado emocionados a causa del espectáculo que tenían delante de sus propios ojos. Bra, por otro lado, no parecía compartir el mismo entusiasmo. De hecho, creía que el diseño del estadio estaba pasado de moda. En cuanto a Piccolo, se percató de una nave muy parecida a la de Freezer... pero se ahorró comentarlo.

—¿Hay oxígeno? —preguntó Piccolo.

—Claro —respondió el Varga—. Hemos instalado un sistema de gravedad para mantener una atmósfera respirable en la superficie. Tenemos máquinas en el interior del asteroide que producen todo lo necesario para poder respirar.

—¿Podemos dar una vuelta por las inmediaciones del estadio? —preguntó Goku, que era un amante del footing como calentamiento.

—Sí, claro. Podéis ir a donde queráis en este universo.

—¡Genial! —respondió Goku con sencillez.

Finalmente, la nave aterrizó en vertical cerca del estadio. Cuando los motores se hubieron detenido, una esclusa de aire se abrió para permitir que el Varga encargado del universo 18 descendiera. Este salió directo hacia el interior del estadio seguido del grupo, que se distraía observando todo lo había alrededor. ¡Un torneo en otro universo! ¡Eso era motivo de emoción y de celebración al mismo tiempo!

—Universo 18... aquí están vuestras habitaciones. Podéis moveros por todas partes, pero no os peleéis con los demás. Recordad que disponéis de dos minutos para entrar al ring en cuanto os llamemos.

Después de escuchar esas indicaciones, el grupo se acercó al estadio. Caminaron a través de un largo pasillo con varias puertas a cada banda. Más adelante se encontraba el acceso al interior del estadio. Goku deseaba correr por allí, pero se contuvo para seguir escuchando al Varga que les hacía de guía:

—Aquí es donde os alejaréis vosotros durante el torneo—. Hay habitaciones e incluso lo necesario para cocinar... Y, finalmente, ¡ahí se encuentra la zona de combate!

—¡Vaya! ¡Fantástico!

Goku estaba en su salsa. Desde su perspectiva, ¡el estadio parecía aún más grande! El número de espectadores le intimidaba y seguramente excedía los diez millones. ¡Además, una gran parte de ellos eran expertos en artes marciales! De entre toda esa multitud de gente, era difícil que los luchadores de la Tierra pudieran notar cualquier tipo de Ki, incluso cerca de ellos.

—¡Es verdaderamente gigantesco! —dijo Videl al lado de Gohan, al mismo tiempo que Ub y Pan corrían por los límites de su espacio.

—¡Es una pasada! —dijo la joven adolescente con entusiasmo.

—Seguramente creéis que conocéis... a la gente de aquí —dijo el Varga para finalizar su presentación—, pero recordad que ellos provienen de otros universos, y por consiguiente... no os sorprendáis. Ahora me iré y os dejaré a vuestro aire.

>>Una última cosa. El torneo podría comenzar perfectamente tanto en veinte minutos como en dos días... todo dependerá de lo que tardemos en encontrar candidatos para los universos restantes.

—¿Y el sorteo? —preguntó de nuevo Goku.

—Se realizará automáticamente al azar. Se anunciará por megafonía en su momento.

Con esas palabras, el Varga dejó al grupo.

Goku permaneció pensativo durante un momento:

«Veinte minutos o dos días... ojalá que sean veinte minutos.»

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