DB Multiverse

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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan, Marcelo Pérez y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 6 dias, 10h.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :8182838485
Parte 18 :8687888990

Round 2-1

Parte 19 :9192939495
Parte 20 :96979899100

Round 2-2

Parte 21 :101102103104105
Parte 22 :106107108109110
Parte 23 :111112113114115

Night 2

Parte 24 :116117118119120

Round 3

Parte 25 :121
[Chapter Cover]
Parte 1, Capítulo 2.

PARTE UNO: ¡UN TORNEO REALMENTE EXTRAÑO!

Capítulo 2

Traducido, revisado y encodeado por Killcrom


Era fundamental para Vegeta entrenar cada mañana antes del amanecer, aunque en la casa de los Brief había testigos de que normalmente se despertaba incluso antes. Hacía ya bastante tiempo desde la primera vez que llegó a la Tierra, que entrenaba dentro de una nave que su suegro había construido; una en la que podía simular gravedad artificial mucho más alta que la normal. Después de sus muchas batallas en la Tierra, en concreto de las que tuvo contra Son Goku, pidió algo completamente diferente. Sus objetivos eran esforzarse hasta superar el nivel al que había sido capaz de llegar por un lado, y por otro ocultar ese progreso al resto de saiyanos. De hecho, Vegeta quería aislarse de toda distracción en el mundo; no ser capaz de sentir a los demás era el precio que debía pagar —y lo hacía con gusto— para tener su propia privacidad.

Tras varios meses planificando, y un sinfín de intentos, el doctor Brief fue a visitar a Vegeta con sus esquemas. De acuerdo con el diseño, crearía una habitación secreta bajo la Capsule Corporation y la convertiría en las nuevas instalaciones de entrenamiento del príncipe de los saiyanos. Aunque las comodidades y las nuevas opciones para controlar la gravedad eran sin duda del gusto de Vegeta, le decepcionó el hecho de que en la Tierra todavía no existiese la tecnología para ocultar su ki.

Disconforme y sin aceptar aquel inconveniente, Vegeta fue incluso al palacio de Dende y le preguntó por las Bolas de Dragón: su deseo era pedirle la tecnología para camuflar su rastro de energía. Por desgracia, Piccolo y Dende se negaron en rotundo a ayudarle, ya que consideraron que aquello sería malgastar de forma absurda el poder de Shenron. Aunque la negativa enfadó al príncipe, el dios de la Tierra le ofreció utilizar la habitación del Tiempo y el Espíritu tanto como quisiera, ya que aquel lugar, ubicado en otra dimensión, había sido reconstruido para permitir a sus huéspedes permanecer dentro durante largos periodos de tiempo. Desde aquel día, Vegeta alternó entre su nueva cámara de entrenamiento bajo la Capsule Corporation y la habitación del Tiempo y el Espíritu.

Aquel día en concreto, a pesar de las demandas de su riguroso entrenamiento, Vegeta no pudo ir al palacio de Dende. Su mujer e hija tenían planeado ir de compras y le habían dicho que él tenía que acompañarlas sí o sí. Una obligación de la que simplemente no podía librarse.

Empapado de sudor, se encontró cara a cara con su esposa, Bulma, quien tenía las manos firmemente colocadas sobre las caderas.

—¡Vegeta! —exclamó Bulma, a centímetros de su cara—. ¡Llegas tarde!

—¡Hmm! —rabió él—. ¡Al menos déjame terminar la sesión de esta mañana, Bulma!

—Te dijimos que saldríamos a las ocho en punto —contestó su mujer, molesta.

—¡No son ni las ocho todavía! —argumentó el príncipe de los saiyanos.

El semblante de Bulma permaneció rígido, como siempre:

—Tienes diez minutos, señor —afirmó—. Haznos un favor, dúchate y ponte ropa decente. Siendo un príncipe, deberías saber tan bien como el resto del mundo que el aspecto que des en público también importa.

Vegeta esbozó una leve sonrisa y se dirigió hacia el cuarto de baño.

«Tch. Menudo dolor de cabeza —pensó el guerrero.»

Detrás de Vegeta, y mirando cómo se retiraba, Bulma sonrió para sí misma antes de darse la vuelta.

«Hmm… —pensó, mordiéndose el labio—. ¡Hoy tengo que comprarle unos pantalones sexys!»

Veinte minutos después, Vegeta salió del edificio de la Capsule Corporation muy elegante. Estaba más que presentable cuando se lavaba y vestía un buen par de zapatos de traje y pantalones, además de aquella chaqueta sobre su camisa. Delante de él esperaban su mujer y su hija, Bra, que por supuesto iba a la última moda.

Sin mediar palabra, Bulma se acercó a su marido y se sujetó del brazo. El hombre se sonrojó, ligeramente avergonzado. El trío empezó a alejarse de casa cuando Vegeta se detuvo en seco. Tenía un mal presentimiento; como si estuviera siendo observado. Justo en ese instante, un robot esférico con cortas piernas de metal apareció a unos dos metros por delante de él. En primer momento, se preguntó si podría tratarse de uno de los muchos proyectos de su esposa, pero el diseño, tan poco familiar, parecía mostrar que no era el caso.

El pequeño robot aterrizó en silencio sobre el suelo, delante de él, y reprodujo el mismo mensaje holográfico que escuchó su rival son Goku un par de minutos antes de boca del Varga y Piccolo.

Una vez terminó el mensaje, el robot se elevó en el aire de nuevo, y voló hacia el palacio. La sonrisa engreída que empezó a dibujarse en la cara de Vegeta, que había sido invitado a un "glorioso torneo", tornó amplia. El príncipe se dio media vuelta hacia su esposa con una mueca de superioridad:

—Vaya… qué pena —dijo, haciendo todo lo posible para suprimir su entusiasmo—, había esperado con tantas ganas nuestro día de compras… —Aunque el esfuerzo fue apreciado, no había forma de que engañase a su mujer e hija—. Lo siento, señoritas. Bulma, Bra, parece que algo importante ha surgido…

Pero su mujer no estaba dispuesta a comprarle la excusa.

—No, ¡ni lo sueñes! —exclamó—. Prometiste que los tres iríamos de compras, ¡y eso es lo que vamos a hacer!

Las mujeres y sus discusiones siembre fueron un fastidio para Vegeta, pero con el tiempo, había aprendido a sobrellevarlas. Bulma, en concreto, le merecía la pena. Pero esta era una ocasión especial; una en la que no pensaba ceder.

—Podemos ir a comprar en cualquier otro momento. No es que vayas a perderte una gran oferta ni nada por el estilo… Ahora mismo tengo que ir a donde Dende; esto no puede esperar.

Bra, quien conocía a su padre demasiado bien, sabía que en aquella ocasión les sería inútil intentar convencerle de lo contrario.

—De acuerdo —dijo con una sonrisa—, ¡entonces iremos todos al palacio en el avión!

Vegeta vio venir la trampa a distancia.

—¡Ja! Y así podréis engañarme y llevarme a donde vosotras queréis ir, ¿verdad? —rio—. Buen intento, pero llegaré mucho antes si voy solo. —De inmediato, el príncipe se elevó por los cielos y despegó en dirección al palacio de Dende, dejando a las dos mujeres detrás, que echaban chispas de la ira. Sin temor, Vegeta se sonrió mientras volaba—. ¿Un torneo? ¡Por fin algo en lo que merece la pena gastar el tiempo!

Renovado por el entusiasmo, el príncipe aceleró, incluso transformándose en supersaiyano para multiplicar su velocidad. En su prisa, no se dio cuenta del pequeño robot esférico a su paso y lo golpeó de refilón, enviándolo con peligro hacia el suelo.

En el palacio, Piccolo permanecía en pie, sin moverse y pensativo, con los brazos cruzados y los ojos cerrados.

«¿Cuál podría ser el motivo de este torneo? —pensó para sí mismo; una pregunta que llevaba rondándole la cabeza desde que recibió la información.»

Rápido, Piccolo abrió y los ojos y descruzó los brazos. Un ki familiar se estaba acercando muy rápido hacia donde estaba. Tras unos segundos, apareció Gohan cubriendo la altitud del palacio a una velocidad vertiginosa. Se detuvo en torno a diez pies por encima del suelo enlosado, disminuyendo el aura blanca que le rodeaba. El híbrido, mitad saiyano mitad terrícola, inspeccionó deprisa el palacio, analizando la misteriosa nave, a los namekianos y los extraños extraterrestres con forma de ave. A continuación, ubicó a Piccolo y Dende y descendió antes de caminar en su dirección.

—¡Hey, chicos! —saludó a sus dos viejos amigos.

Dende se mostraba alegre de verle.

—¡Gohan! —exclamó— ¡Ha pasado mucho tiempo desde que nos visitaste por última vez!

—Lo sé, Dende —contestó Son Gohan con una sonrisa honesta—. Lo siento, últimamente he estado ocupado en la universidad, pero las vacaciones acaban de empezar; debería tener algo más de tiempo libre ahora…

—Has llegado muy rápido —felicitó Piccolo.

Gohan se rascó la nuca con modestia.

—Sí —replicó—, pero mi velocidad es casi seguro lo único que he mantenido desde que dejé de entrenar.

Piccolo estaba un poco sorprendido.

—Hablando de entrenamiento, verte así me trae buenos recuerdos —dijo con una tenue sonrisa.

—Ah, seguro que es por esto. —Son Gohan sacó las gafas del bolsillo de su camisa y se las puso—. Las guardé aquí para no perderlas por el camino.

—Hmm… la verdad es que te hacen parecer mayor de lo que eres —observó Piccolo.

La atención de Dende se desvió, presta:

—Vegeta está aquí.

Llegando de la misma forma que Gohan, el príncipe de los saiyanos aterrizó delante del trío casi sin reducir la velocidad, creando por ello una onda de aire que forzó a Dende a cubrirse los ojos. Con arrogancia evidente, Vegeta preguntó sin más si Goku había llegado ya, una pregunta que parecía obvia.

—Llegará pronto —respondió Piccolo—, no te preocupes.

—¡Como si fuese a preocuparme por ese payaso debilucho! —entonó Vegeta con una sonrisa arrogante.

—Oye, Piccolo —dijo Gohan, cambiando de tema con discreción—, ¿qué te parecen nuestros visitantes?

Vegeta, interesado en la pregunta, cruzó los brazos y esperó escuchar la respuesta del hombre verde.

—Los namekianos son namekianos —dijo Piccolo—; siempre se puede confiar en ellos. Esos vargas… por lo menos me parecen sinceros. No siento hostilidad en ellos. Dicen ser de otro universo…

—¿Es eso posible? —inquirió Vegeta, escéptico.

—En la teoría, no —contestó Gohan, pensativo—, pero los viajes temporales tampoco son posibles en teoría, y nosotros sabemos de primera mano que sí pueden ocurrir. Deben tener una tecnología muy avanzada para hacerlo posible. Ir de un universo a otro debe utilizar muchísima energía. —Gohan se dio media vuelta y examinó a los Vargas y su nave—. Me pregunto si dejarían que la estudiase…

De la nada, un grupo de siete personas apareció cerca del cuarteto, a lo que vegeta reaccionó de inmediato:

—¡Trunks! —dijo con obvia molestia—. ¿Dónde rayos has estado? ¡Te he estado buscando todo el día en la Capsule Corporation!

Trunks volteó hacia Goten, nervioso, buscando cualquier tipo de ayuda de su amigo.

Videl se acercó a Gohan, y con cariño, alisó su camisa, ya que volar la había arrugado. Chichi se tomó el tiempo de regañar la falta de formalidad de Goten. Ub miró alrededor, contemplando fascinado el grupo de guerreros. Por el contrario, Vegeta habló en tono amenazante a Son Goku.

—¡Kakarotto! ¿Qué te ha demorado tanto? ¡Nos has hecho esperar!

—Lo siento, Vegeta —contestó Goku con una sonrisa en la cara.

—Para poder teletransportarte, eres terriblemente lento —dijo el príncipe.

—Tenía que recogerlos a todos primero —contestó el saiyano, que no logró cambiar el mal humor de Vegeta.

—¿No podrían haber venido solos?

—Si estabas tan ansioso, Vegeta, ¿por qué no viniste a buscarme tú?

—Ya empezamos —murmuró Piccolo para sí mismo.

—¡Buena idea! —dijo Vegeta—. ¡La próxima vez iré y te arrastraré si hace falta!

—¡Oh, claro! ¡Inténtalo! —contraatacó Son Goku, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, adoptando su pose de lucha. Los ojos de Vegeta se iluminaron con júbilo.

—¡Qué maravillosa idea, Kakarotto!

El príncipe alzó también la guardia para preocupación de los namekianos y los vargas. Avergonzada por la situación, Chichi intervino.

—¡Goku! —exclamó, mirando a su marido con severidad. Goku se puso tenso a la vez que la sonrisa se desvanecía de su faz.

—Oh, oh… Chi- —empezó el hombre.

—¡No armes un escándalo! —ordenó Chichi, interrumpiendo a su marido—. Te crees que estás en el recreo del colegio, ¿o qué? ¿Cuándo piensas crecer de una vez?

Goku no sabía qué decir. Era verdad que ante una lucha contra Vegeta, la emoción tendía a ganarle a la razón.

—Eh…

De repente, un extraño ruido, casi un rugido, pudo ser escuchado por varios segundos. Los Vargas, temiendo una tormenta, empezaron a escanear el cielo añil. El grupo de terrícolas, sin embargo, sabía perfectamente qué había sido el ruido, y todos miraron hacia Goku.

—¡Ja, ja! ¡Solo es mis estómago, amigos! —dijo Goku—. Vine demasiado rápido y me olvidé de comer…

Mientras que Chichi y Vegeta se mofaron de él, hastiados, Ub se quedó sorprendido.

—Pero si desayunamos antes de empezar a entrenar…

–¡Eso fue hace dos horas! —respondió Son Goku—. Todo ese entrenamiento me dio hambre. ¿Dónde está el señor Popo? ¡Oh! Estoy seguro de que ya estará preparando todos mis platos favoritos. ¿Señor Popo? ¿Holaaaaa?

Todos permanecieron en silencio mientras Goku entraba en el interior del palacio, hacia la cocina. Trunks intentó romper el hielo:

—Así que, eh, papá —titubeó—, ¿dónde están mamá y Bra? ¿No quisieron venir?

—Creo que vendrán en avión —respondió sin tan siquiera mirar a su hijo.

Un pequeño Varga se acercó con timidez hacia el grupo.

—Eh… discúlpenme, pero… —empezó a decir.

—No se preocupe —dijo Piccolo—, regresará pronto. Cuando Son Goku tiene hambre, es imposible hacer que deje de pensar en comida. Pero pueden unirse a nosotros si quieren. Podemos discutir los detalles del torneo mientras comemos. —Un pensamiento fugaz hizo sonreír a Piccolo—. Aunque con todos estos saiyanos en la mesa, la comida podría durar menos que las explicaciones…

El varga regresó a su grupo e informó a los demás de que su estadía podría ser un poco más larga de lo esperado.

El señor Popo terminó de preparar toda la comida y alineó los platos sobre su alfombra voladora, que hacía de mesa improvisada para la comida. Bulma y Bra llegaron al poco tiempo al palacio.

Al igual que Gohan, la esposa de Vegeta se fascinó con los vargas y su tecnología, mientras que Bra pensó que los extraterrestres eran, por su pequeño tamaño y sentido de la moda, muy lindos. Incluso se acercó a uno de ellos para acariciarle. Cuando lo hizo, la criatura ronroneó antes de separarse rápido, visiblemente avergonzada.

Durante el almuerzo, solo Goku y Pan, quien estaba orgullosa de imitar a su abuelo, se atiborraron de comida. Los demás, en cambio, prestaron atención a los vargas, quienes estaban sentados al final de la alfombra mientras explicaban con más detalle los pormenores del torneo.

—Como sabéis —empezó el Varga—, venimos de un universo completamente diferente del que conocéis vosotros. Los namekianos que nos acompañan son también de nuestro universo.

Uno de los namekianos avanzó despacio y estiró el brazo. Sostenía en sus manos un objeto circular y delgado, que empezó a tornarse cálido y causó que el aire alrededor empezase a comportarse de forma extraña. Imágenes empezaron a aparecer sobre el aparato, hecho que rápido llamó la atención de Bulma.

—¿Un holograma? —preguntó.

—Sí, eso parece —contestó Gohan.

—Existís dentro de un multiverso —siguió el varga—, lo que puede entenderse como múltiples universos. Todos son parecidos; en muchos de ellos se dan las mismas causas y efectos. Sin embargo, un único evento que ocurra de forma diferente en un universo puede causar una divergencia y hacer que todo cambie. Por ejemplo, en un universo, el cielo de vuestro planeta podría ser rojo, y en otro universo, vuestro planeta podría haber sido invadido por extraterrestres.

El varga fue interrumpido por los sonidos que emitían Goku y Pan al engullir la comida. Los dos se dieron cuenta de que la habitación se quedó en silencio, y miraron a todo el mundo con fideos colgándoles de la boca a ambos. Sabiendo que habían dejado de hablar por el ruido que estaban haciendo, nieta y abuelo se apresuraron a devorar el resto de fideos y poder así prestar atención a sus locutores.

—Sí, como iba diciendo —siguió el varga— otro ejemplo es nuestro universo. En el nuestro, y solo en el nuestro, los vargas hemos descubierto la tecnología que nos permite viajar de un universo a otro. Los dioses decidieron que los universos debían permanecer cerrados, pero nos dieron permiso para organizar un evento único.

—¡Eh! ¡Ese es el supremo Kaio Shin! —exclamó Son Goku al darse cuenta de quién era el dios de piel morada que se veía en el holograma.

—Nos aliamos con los namekianos de nuestro universo —comentó el Varga, ignorando a Goku—, para organizar un torneo entre los guerreros más poderosos de entre los diferentes universos. El ganador del torneo obtendrá tres deseos del dragón eterno de Namek.

—Las Bolas de Dragón de los otros universos serán utilizadas para resucitar a cualquiera que muera en el torneo —dijo el namekiano que sujetaba el aparato de los hologramas—. Y además del premio, los guerreros del torneo deberían sentirse afortunados por la posibilidad de enfrentarse a tantos oponentes poderosos.

—El torneo es único y completamente seguro —siguió el varga—. Nuestra pregunta es: ¿os gustaría participar?

El grupo alrededor de la improvisada mesa empezó a hablar, y no llegaban al acuerdo de si confiar en la historia o no. Vegeta, que permaneció en silencio, encontraba difícil concentrarse con todas las diferentes conversaciones que se superponían a su alrededor. Goku, por fin, irrumpió.

—¡Esta es una gran oportunidad! Ub podrá ponerse a prueba sin riesgos. Tenemos demasiadas restricciones cuando entrenamos…

—No me creo esto de los multiversos —dijo Vegeta—, ¡pero no vas a entrar en ningún torneo sin mí, Kakarotto! Te reservo un par de sorpresas…

—Ehm… tenemos una pregunta —dijeron Goten y Trunks al unísono—. ¿Podemos luchar en equipo?

—No —contestó el namekiano más longevo—. Los combates son de uno contra uno. Pierdes si no puedes luchar tras treinta segundos o si abandonas. Las armas están permitidas siempre que entres en el ring con ellas. Una vez dentro de este, no se permite ninguna ayuda del exterior. Explicaremos las reglas con más detalle luego.

Trunks y Goten sonrieron, conformes.

—¡Por nosotros está bien! —exclamó Goten.

—Registraremos a Gotenks —dijo Trunks— Él está entre nosotros, pero no podéis verle. Y nosotros iremos como espectadores. ¿Puede ser?

—Sí —afirmó el namekiano—, los espectadores son bien recibidos, y cualquiera tiene permitido participar. Una persona ha registrado incluso a su hijo nonato. No nos importa si creáis a ese Gotenks justo antes del combate.

—En ese caso, yo iré como espectador —declaró Piccolo.

—Yo también —dijo Gohan, sin dudar.

—Sois el decimoctavo universo que participa —dijo el namekiano más viejo—. Este será el número asignado a vuestro universo.

Sin demora, Vegeta se levantó rápido.

—Bien, ¿a qué esperamos? —exclamó—. ¡Vamos!

—¡No puedo esperar a llegar! —dijo Pan, animada.

—Yo me quedaré aquí —dijo Chichi—. Esta cosa del torneo me parece ridícula. Gohan, ¿no vas a dejarla participar, verdad? —preguntó refiriéndose a la adolescente.

Gohan miró a su mujer, dejándole la decisión a ella.

—Bueno… —expresó— podría ser bueno para ella…

Chichi cruzó los brazos, cerró los ojos, y se dio la vuelta protestando.

Trunks miró a Goten:

—Parece que tendremos que empezar a practicar la fusión de nuevo…

—¡Esto va a ser genial! —contestó Goten, deseándolo.

—Gohan —cuestionó Goku— ¿estás seguro de que no quieres entrar al torneo?

—Sí —respondió él—. He dejado de entrenar mucho tiempo y llevo sin luchar aún más.

—Pero solo con tu poder, podrías llegar bien lejos en el torneo —opinó el joven Ub.

—¡Olvídalo! —intervino Vegeta—. Gohan es un inútil. ¡Podría vencerle con los ojos cerrados!

El comentario le hizo gracia a Gohan:

—Si te hace feliz pensarlo, adelante, Vegeta… —sonrió.

Vegeta también sonrió, recordando algo que sucedió nueve años atrás…

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