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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan, Marcelo Pérez y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 5 dias, 10h.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :8182838485
Parte 18 :8687888990

Round 2-1

Parte 19 :9192939495
Parte 20 :96979899100

Round 2-2

Parte 21 :101102103104105
Parte 22 :106107108109110
Parte 23 :111112113114115

Night 2

Parte 24 :116117118119120

Round 3

Parte 25 :121122123124125
Parte 26 :126127128129130
Parte 27 :131132133134
[Chapter Cover]
Parte 1, Capítulo 1.

PARTE UNO: ¡UN TORNEO REALMENTE EXTRAÑO!

Capítulo 1

Traducido, revisado y encodeado por Killcrom. Agradecimientos especiales a Adrián_Traductor


El sol matutino brillaba alto en un cielo sin nubes, signo de otro espléndido día para el planeta Tierra. Dándose prisa, ocupados en la cocina de su sencilla casa rural, un matrimonio preparaba el desayuno.

—¡Pan —llamó Son Gohan a su hija—, el desayuno está listo!

—¿Está despierta al menos? —preguntó Videl, la esposa, colocando por último la caja de cereales sobre la mesa.

Antes de que Gohan pudiese responder, el golpeteo de unas pisadas se escuchó descender a toda prisa desde el segundo piso. El padre sonrió, acomodándose las gafas con un sutil gesto.

«Sin duda, está despierta —rio Gohan para sí mismo.»

La chica de catorce años, vestida con un gi y con un bastón rojo a la espalda, ya había abierto la puerta principal.

—¡Mamá, papá, me voy fuera!

—¡Hey! ¿A dónde vas vestida de esa forma? —entonó su madre, alzando una ceja.

—El abuelo me prometió que hoy iba a poder entrenar con Ub. ¡De verdad que no pienso perderme esta oportunidad!

—Si no sabes siquiera dónde están… —replicó Gohan, dando un sorbo a su bebida. Pero un instante después, casi escupió el líquido naranja de su boca al sentir un poderoso ki de forma súbita.

Estaba demasiado lejos para determinar su posición exacta, aunque Gohan sabía exactamente a quién pertenecía. Y si él podía detectarlo, su hija también. La adolescente entonó una risilla burlesca como las de su padre, rozándole levemente conforme se apresuraba al exterior. La puerta, cerrándose tras ella, fue casi suficiente como para hacerla dudar.

—¡Me voy! —gritó la joven luchadora saiyana.

—Pero… —su madre intentó oponerse, aunque ya era tarde. Suspiró, derrotada, girándose hacia su marido—. Esta chica hace lo que le da la gana…

Gohan le dio la razón asintiendo, mas algo distraído. Su mente estaba ocupada en seguir la energía de Pan conforme iba volando. Seguiría pendiente de su rastro todo el trayecto, de unos diez minutos, para asegurarse de que llegaba.

—Piénsalo: por lo menos no tenemos que preocuparnos por que esté a salvo, Videl —dijo Gohan con una sonrisa confiada—. Estará con papá, así que no habrá peligro alguno. Bueno, salvo por los peligros propios del entrenamiento...

—¡Gohan! —contestó Videl, cruzando los brazos—. ¡Sabes que tenía clases esta mañana! Ya está en secundaria; la excusa de perderse para entrenar está empezando a hacerse vieja —protestó, visiblemente molesta.

—Ah, yo no me preocuparía demasiado —contestó su marido con una sonrisa afable—, esas clases son de apoyo; ya se pondrá al día. Y además —continuó Gohan, levantándose de la mesa—, hasta yo me perdí algunos años de estudios siendo incluso más pequeño que ella…

Videl suspiró, mirando desde la ventana de la cocina casi con nostalgia. Su hija apenas podía verse en la distancia; era una pequeña motita lejana a lomos de una nube amarilla.

—De todas formas, creo que le permitimos demasiadas cosas…

—Videl, cariño, ella ya va un año por delante de los demás estudiantes, sus compañeros. Si hubiera algún problema, confía en mí, insistiría en que estudiase. Pero la verdad es que Pan tiene hasta más talento que yo.

—Sin embargo, estamos en tiempos de paz… —replicó Videl, con las manos en la cadera—. Su prioridad debería ser ir a clase por el momento; ¡debería dejar las artes marciales para su tiempo libre!

—Cariño, vas a tener que cambiar esa actitud un poco —rio Gohan, recordando los días de su pasado—, empiezas a sonar exactamente como mi madre.

—Eh, ya lo sé —contestó Videl, aparentemente molesta consigo misma; sin duda, no pretendía convertirse en otra Chichi—. Es solo que… quiero que sea capaz de conseguir un buen trabajo cuando crezca. Luchar tendría que ser un hobby, algo secundario…

Gohan se incorporó para acercarse a su mujer y colocarle la mano sobre el hombro.

—Las cosas son como son, Videl. No hay nada que podamos hacer sobre ello… Pan ha estado siguiendo los pasos de su abuelo desde que aprendió a caminar. Y además, te preocupas demasiado. Ella podría llegar a ser la más fuerte e inteligente de todos nosotros.

—Pero Gohan, seguramente-

—Si te hace sentir mejor, invitaré a papá a cenar a casa esta noche —interrumpió. El rostro de Videl se iluminó.

—¡Esa es una gran idea!

Súbitamente, al mirar al reloj de pared, Gohan se dio cuenta de que iba a llegar tarde al trabajo, algo que jamás le había pasado en todos aquellos años.

—Ve, cariño —le dijo Videl a su marido, siguiendo su mirada—. Vas a llegar tarde…

Las explosiones tronantes de poderosos golpes resonaban como ecos por la aislada región montañosa, reverberando a través de mesetas y pilares rocosos. Las ondas de choque producidas podían ser sentidas a través de la tierra en millas a la redonda, aunque no había más que baldíos no habitados alrededor. En ocasiones, mezclados con el destructivo ruido de fondo, podían escucharse gritos de batalla; eran los gritos de aquellos que se forzaban al máximo, para luchar con toda su fuerza.

La conmoción que estremecía la región montañosa era, de hecho, una increíble pelea entre dos guerreros excepcionales. La batalla, no más que un simple calentamiento para ellos, se daba lugar a velocidades inimaginables para cualquier ser humano normal. La cantidad de poder emitida por los contendientes debía ser equivalente a la de, al menos, un millón de hombres.

Después de unos minutos de entrenamiento, los dos amigos —maestro y discípulo—, tomaron un pequeño descanso y comenzaron a hablar.

—Ni me he despeinado, maestro —dijo Ub, casi quejándose de la facilidad del entrenamiento. Él era el más joven de los dos; de piel tostada, vestido en un gi de artes marciales entre rojo y anaranjado, y rondando los veinte años—. No estoy tan siquiera cansado…

—De eso se trata el entrenamiento a intervalos —respondió su maestro Goku, rascándose la cabeza con un dedo y algo avergonzado—. Los métodos de entrenamiento que te gustaría utilizar pondrían el planeta entero en peligro.

Ub, sentado ahora en una roca cercana, comenzó a ver el estado en que se encontraba el lugar donde él y su maestro habían estado peleando.

—Sí, hemos devastado esta zona con nuestro entrenamiento aunque haya sido ligero, ¿verdad? —observó, dándose cuenta de la cantidad de cráteres y estructuras destrozadas.

—Nah, no te preocupes. No ha sido solo nuestro combate lo que ha causado todo este daño aquí. Bueno… quizá sí… ¡Ja, ja! —respondió Goku, recordando eventos del pasado—. Si no recuerdo mal, este es el lugar donde Vegeta y yo peleamos por primera vez —explicó a su discípulo.

—¿Vegeta? ¿¡De verdad!? —exclamó Ub.

El joven guerrero, reencarnación del poderoso Majin Bu —el monstruo que casi destruyó el universo—, cerró los ojos y, recreando el paisaje en su mente, intentó imaginar lo que sin duda, hace unos treinta años debió ser un duelo épico.

—Bueno, ¿estás inspirado ya? —dijo Goku, levantándose rápido y palmeando. El chico asintió—. ¡Entonces volvamos a ello!

—¡De acuerdo! —respondió el joven, con la voz cargada de entusiasmo.

—Bien, en esta ocasión, ¡cuento con que superes tu nivel actual! Como siempre, intenta seguirme el ritmo.

Goku se colocó en pose de lucha. Con las piernas dobladas ligeramente, separadas la una de la otra, y con los puños apretados, el saiyano comenzó a invocar su poder, evitando alcanzar la transformación de supersaiyano por el momento. Un aura entre azulada y blancuzca le rodeó, y su cabello empezó a ondear con el viento que había creado.

Delante de él, Ub empezó a empoderarse también, con un grito más alto y sostenido. Un resplandor blanco envolvió su cuerpo de inmediato.

—¡Sigue, Ub! ¡Aumenta más tu ki! ¡Ve lo más lejos que pu-

El maestro fue interrumpido por el aumento de energía de Ub, quien logró emitir una cantidad ligeramente mayor que la anterior. Goku sonrió, sorprendido.

—Buen trabajo, Ub, pero… —dedicó una sonrisa altiva—, ¿puedes seguirle el ritmo a esto?

El aura entre blanca y azulada alrededor de Goku se incendió de forma súbita, cobrando vida con resplandores dorados. Su cabello comenzó a resplandecer junto con ella. Los ojos de supersaiyano eran del mismo tono turquesa de siempre. Aunque el poder del saiyano no aumentó de forma excesiva, sin duda era mayor que el de Ub, quien ahora mismo tan solo tenía la mitad de fuerza que su maestro. Sin embargo, este le había enseñado una técnica especialmente útil para situaciones como aquella; una técnica que usó inmediatamente.

Los músculos de Ub comenzaron a hipertrofiarse. Con un rugido, gritó:

—¡Kaioken!

El aura alrededor de Ub tornó en rojo escarlata. Sus músculos aumentaron de volumen; los vasos sanguíneos también, para permitir un flujo de sangre más rápido. Su fuerza se multiplicó, y sin demora excedió la de su maestro. Goku, que no se había sobresaltado, apretó sus puños aún más fuerte y empezó a irradiar más poder. Con otro destello, su cabello se erizó aún más, dejando tan solo un mechón sobre la frente. Sus músculos también aumentaron de volumen, y fugaces rayos restallaban alrededor de su aura.

«Hora de subir el listón… —se dijo Ub. El chico de piel tostada se concentró con todas sus fuerzas para aumentar el nivel del Kaioken—. Por tres… cuatro… por cinco… —continuó nivel tras nivel sin apresurarse.»

En esta ocasión, tal y como Goku quería, Ub deseó alcanzar un nivel aún mayor al que había sido capaz de llegar antes. Durante meses, estuvo curtiendo su cuerpo para soportar mayores niveles de poder.

Sí, lo conseguiría: ¡seguro que esta vez lograría sorprender a su maestro! Tan solo un poco más de esfuerzo y concentración y…

«¿Qué demonios? —pensó Ub de repente, desconcentrándose y perdiendo poder.»

—¡Abuelooo!

—¡Hey, hey! ¡Conozco esa voz! —dijo Goku descargando su poder y alzando la cabeza hacia el cielo. Ub hizo lo mismo.

La figura que se les acercaba era la de una chiquilla joven, de unos catorce años. Acortó los últimos cien metros que les separaban a toda velocidad. La muchacha, cuarta parte de saiyana, descendió con habilidad a donde estaban ellos y se detuvo abruptamente.

—Abuelo —dijo Pan, aterrizando con una mirada de enfado en la cara—, ¡prometiste que no empezaríais sin mí!

—¡Lo siento, Pan! Estábamos listos para empezar y tú no habías llegado aún… pero eh, dime, ¿por qué has venido en Kinto'un?

Pan colocó las manos sobre la cadera, cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás, tomando una posición que evidenciaba la respuesta:

—He venido aquí a entrenar con vosotros… ¡no quería gastar mi energía volando!

—¡Ah, claro…!

—¿Crees que podrá mantenerse a nuestro nivel? —preguntó Ub con una sonrisa mientras se acercaba.

—¡Por supuesto que puedo! No llevo el apellido de la familia Son por nada —respondió la muchachita antes de girarse hacia su abuelo—. Abuelo, ¡vi a Ub usar el Kaioken! ¿Cuándo me lo vas a enseñar a mí?

—No lo necesitas, Pan; te lo he dicho ya. Solo se lo he enseñado a Ub porque no puede convertirse en Super Saiyano.

—¡Pero si yo tampoco puedo! —dijo Pan, lloriqueando.

—Claro que puedes —respondió Goku—. Simplemente necesitas esforzarte más para lograrlo.

—Pero… con el Kaioken no necesitaría-

—Vale, vale —interrumpió Goku, tratando de cambiar el tema—, ya veremos. Por ahora, vayamos despacio con un pequeño de aumento de energía.

—¡Pero si acabamos de hacer eso mismo! —exclamó Ub.

—No necesito hacerlo —añadió Pan, apoyando al joven.

—No seáis tontos —explicó Goku—. Entrenaremos en serio, no os preocupéis por eso. Por ahora, empecemos con un poco de calentamiento.

—De acuerdo… —suspiraron Pan y Ub al unísono.

Cuando estaban listos para seguir las órdenes de su maestro, este alzó el vuelo y empezó a otear el cielo; había sentido algo acercándose hacia donde estaban, y no tardaron en darse cuenta de qué era lo que había desconcertado a Goku. Un pequeño y raro robot volaba directo hacia ellos.

—¿Qué es eso? —preguntó Ub.

—Parece uno de los aparatos de Bulma… —contestó Goku, con curiosidad.

El robot, que parecía una esfera con piernas cortas y un ojo y era propulsado por un cohete, se detuvo enfrente de los confusos terrícolas. La máquina emitió un bajo ruido metálico y empezó a chirriar como una televisión antigua. El único ojo empezó a brillar, y un holograma apareció entre Goku y el aparato: la imagen de un namekiano.

—¿Señor Piccolo? —dijo Ub entre dudas, sorprendido por la imagen.

—No. No es él —replicó Son Goku, ahora serio.

—Guerreros de la Tierra —comenzó el namekiano—, vosotros tres habéis sido elegidos, basados en el hecho de que estáis entre los luchadores más poderosos de este universo. Cada uno de vosotros estáis, pues, invitados a participar en el mayor torneo de artes marciales jamás imaginado.

—¿Un torneo? —preguntó Pan, obviamente muy interesada por la idea.

—Me pregunto… —dudó Goku antes de que el namekiano siguiese.

—Esperamos saludaros en persona en el palacio de Kami-Sama. —Cuando terminó de hablar, el holograma se volvió borroso hasta mostrar la imagen de Piccolo.

—Es una larga historia —dijo Piccolo a través del aparato—, pero parece que esto no es broma. Sabía que estarías interesado en algo así, por lo que les di permiso para contactarte. Ven aquí y lo hablaremos todo…

La imagen desapareció y el robot se marchó tan rápido como vino.

—¿Ese mensaje… estaba dirigido solo a nosotros tres? —preguntó Ub.

—No lo creo —contestó el maestro, girándose hacia sus discípulos—. El namekiano mencionó a los luchadores más fuertes del universo. Seguro que eso significa que también contactará con Vegeta y Gohan.

—Esto es serio, ¿no? —dudó el joven.

—Ya lo veremos. No deberíamos desperdiciar el tiempo. Agarraos a mí para la transmisión instantánea y nos encontraremos con Gohan y la familia Brief a medio camino.

Ub colocó una mano en el hombro de Goku mientras que Pan se aferró a su cinturón. El saiyano colocó dos dedos en su frente y buscó ki en dirección a la casa de su hijo. Inmediatamente sintió la presencia de Videl, y en un instante se teletransportó hacia donde estaba llevando a Ub y Pan con él. Solo tomó un momento a Goku darse cuenta de por qué no había sentido la presencia Gohan, que era, como poco, miles de veces más intensa que la de su mujer: él no estaba en casa…

—Está en el trabajo, como siempre —dijo Videl, después de que Goku le explicase la situación.

—¡Entonces tan solo tenemos que ir a recogerle, abuelo!

—¡Espera! —exclamó Videl— Quiero ir con vosotros.

—Claro, ¡ven con nosotros! —dijo Goku—. Puedo sentir la energía de Gohan ahora mismo… y está yendo hacia allá. ¡Uau! Aunque no ha entrenado, su velocidad es impresionante… Es tremendo.

—¿Y Vegeta? —inquirió Pan. Una sonrisa se dibujo en el rostro de son Goku.

—¿Sabes? Tengo la impresión de que algo como esto será de su interés. Deberíamos recoger a Goten y Trunks de camino. Ambos están en casa.

Pan brilló de la alegría.

—¡Sí! ¡Hace mucho tiempo desde que no he visto a la abuela! ¡Eh! ¿Deberíamos ir a por el abuelo Satán también?

—Bueno… estoy seguro de que Bu ha recibido el mensaje también. Probablemente le encontremos allí… ¡Vamos, chicos, sed pacientes!

Esta vez con Videl, Goku teletransportó a todo el mundo a la casa de Chichi, donde encontraron a Goten y Trunks. Este último estaba allí para evitar aburrirse en su casa, la Capsule Corporation. Goku explicó brevemente lo poco que sabía de la situación a los dos jóvenes luchadores. Entonces pidió a todo el mundo, incluida Chichi, —quien insistió en ir también—, que se agarrasen a él. En lo que dura un parpadeo, teletransportó a todo el mundo al palacio de Dende.

Sin que lo supieran, un pequeño robot esférico llegó a casa de Goku apenas unos minutos después para llevarle el mensaje a Goten y Trunks. El robot tuvo que regresar sin haberlo logrado…

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