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Dragon Ball Multiverse: la novela

Escrito por Loïc Solaris

Adaptado por Killcrom, Bardock, Genghis Khan, Yoshio, NappaSSJS, Kugan y Alice. Agradecimientos a Adrián_Traductor y King Suguru

¡Redescubre la historia de Dragon Ball Multiverse cargada de nuevos detalles y matices! Esta novela está confirmada como canon por Salagir, quien también ha incluido sus propias adiciones, las cuales no han sido vistas en el manga. Por lo tanto, ¡esta novela es un anexo casi necesario para todo fan de Multiverse!

Próxima página en: 16h., 44m.

Intro

Parte 0 :0
Parte 1 :12345

Round 1-1

Parte 2 :678910
Parte 3 :1112131415
Parte 4 :1617181920
Parte 5 :2122232425
Parte 6 :2627282930

Lunch

Parte 7 :3132333435

Round 1-2

Parte 8 :3637383940
Parte 9 :4142434445
Parte 10 :4647484950
Parte 11 :5152535455
Parte 12 :5657585960
Parte 13 :6162636465
Parte 14 :6667686970

Night 1

Parte 15 :7172737475
Parte 16 :7677787980
Parte 17 :81828384
[Chapter Cover]
Parte 7, Capítulo 34.

PARTE SIETE: EL ESPERADO DESCANSO DEL ALMUERZO

Capítulo 34

Traducido por Bardock; revisado por Kugan


Los combatientes del Universo 13 comían como unos auténticos glotones. El Príncipe Vegeta, los hermanos Kakarotto y Raditz, y el viejo Nappa abrían sus enormes bocas para devorar sus ágapes que fueron continuamente servidos durante varios minutos seguidos. La mesa redonda se llenó enseguida de grandes cuencos, platos vacíos y restos de comida que los varga intentaban limpiar. Aparentemente, los sirvientes eran poco numerosos y estaban fatigados por culpa del esfuerzo inhabitual que realizaban, transpirando a través de sus plumas azules, verdes o amarillas.

Mientras comían, los cuatro saiyanos aprovecharon la ocasión para hablar sobre el torneo, que, en ese momento, había ido de maravilla para ellos. Dos de ellos habían ganado con facilidad. No se privaron de presumir de sus actuaciones:

—¡Ese namekiano era un blandengue! —Dijo Nappa arrancando con su boca un trozo de carne unida a un gran hueso blanco y rojizo de sangre—. ¡Por otro lado, me alegro que Rikum haya perdido contra uno de ellos! ¡Han hecho bien en largarse los namekianos! ¡Me lo hubiera pasado bomba exterminándolos por segunda vez!

—¡Eres un guarro, Nappa! —Respondió Kakarotto comiendo más limpiamente delante de él, pero desperdigando migas y trozos de carne por todos lados.

—¡No tienes derecho a decirme eso! ¡Al menos he derrotado a un guerrero y no a una muñeca!

—¡Seguro que era más fuerte que ese tal Cargot! —Replicó el doble de Son Goku.

—Pff. ¡No me hagas reír! ¡También la hubiera vencido en un periquete! ¿Cómo es posible que hayas caído en la trampa de esa chica miserable?

—No lo he podido evitar, ¡pero al menos sé que en la siguiente ronda ganaré contra esa mocosa! En cambio, ¡Freezer no tendrá ni para comenzar contigo!

Nappa se calló durante un instante. Incluso dejó de comer su gran plato de pollo insípido para reflexionar, ¡un hecho realmente extraño!

Era cierto que en su próximo combate se vería las caras con Freezer... el tirano contra quien las habían pasado canutas y que Vegeta venció antaño transformándose en Super Saiyano. ¿Serían capaces de repetir esa proeza en el torneo?

—Freezer nos acaba de mirar y se ha reído —intervino Raditz que se hallaba al lado izquierdo de Nappa—. Creo que se deleitará eliminándote.

Nappa sostuvo la mirada de su compinche.... ¡y, de repente, se le ocurrió una idea genial!

—¡Ya lo tengo! —Gritó tan fuerte que llegó a molestar a los otros mientras engullían, aunque lo miraron curiosamente—. ¡Je, je, je! —Continuó el coloso cruzándose de brazos, sonriendo y agachando la cabeza—. ¡Ya sé cómo vencer a Freezer! ¡No podrá rehacerse nunca! ¡Sufrirá la humillación más grande de su vida!

Nappa echó a reír con la boca bien abierta. Sus amigos se preguntaban qué plan tenía en mente, pero Nappa no quería soltar prenda:

—Será una sorpresa. ¡Todos se quedarán boquiabiertos! ¡Ja, ja, ja! ¡Pero tendré que darlo todo desde el principio!

Empezó a comer de nuevo, pero esta vez devoraba trozos más grandes. Raditz ya casi había terminado su comida y, a duras penas, ¡tenía más espacio en su estómago! Aprovechó la ocasión para hablar:

—¿Estás disfrutando de nuestros combates, Vegeta? ¡Seguro que yo también ganaré el mío! Sobre todo si me toca luchar contra un payaso del Universo 2. ¡Parecen ridículos!

—Los del 10 también eran unas sabandijas —añadió el jefe de los saiyanos.

—Ah, sí... el 10... me hubiera gustado luchar contra papá. ¿Y a ti, Kakarotto?

—Me da igual —respondió su hermano, quien seguía comiendo.

—Es verdad que tú no lo conociste nunca. ¡Me lo hubiera pasado tan bien luchando contra él como la mocosa del 18!

—¡Je, je, ja, ja! ¡Raditz montando a caballito en los hombros de su papaíto! ¡Ja, ja, ja!

Raditz fulminó a Nappa con la mirada. ¡Él no pensaba en una escena como esa! A veces era un auténtico cabeza de chorlito. ¡No le extrañaba que Vegeta, en el Universo 18, lo hubiese liquidado con sus propias manos!

—Eres demasiado melancólico, Raditz —añadió Vegeta sonriendo—. Es por eso que aún no has logrado transformarte en Super Saiyano.

Esa frase le escoció... ¡Él también deseaba transformarse! ¡Quería tener esos cabellos dorados, esa aura brillante, esa fuerza... ese carisma! De todos modos, él seguía progresando a diario... y sabía que un día u otro lo conseguiría... ¿O a lo mejor llegaría en el torneo?

—Hablando de otros universos y tal —empezó a decir Kakarotto acabándose la comida de su cuenco—, creo que es una lástima que mi homólogo gane todos sus combates y no me lo encuentre hasta la quinta ronda... en las semifinales, de hecho...

«Espero no tener que luchar contra un Vegeta tan fuerte como él —pensó, observando a su líder, quien se encontraba en su lado izquierdo.»

Entonces, Kakarotto miró a Nappa. Seguramente sabía que no tenía nada que hacer ante Freezer... o incluso contra ese tal Son Goku si finalmente obraba un milagro y vencía al hijo de Cold. Kakarotto esperó una reacción por parte del gran coloso, pero éste sólo sonreía. ¿En qué pensaba? ¿Tenía un as en la manga? ¿Una técnica? ¿Un nuevo poder?

Vegeta no prestaba atención ni a Nappa ni a Kakarotto. De hecho, le importaba más bien poco si ese par ganaba o perdía. ¡Lo único que le importaba era su propia victoria! De hecho, pensaba en otro personaje: Trunks del Universo 12, quien había derrotado a Cooler sin dificultades. Según los del Universo 18, él era el hijo de su doble alternativo... Vegeta sonrió tratando de imaginarse, por un instante, qué habría sido de su vida y la de su famoso hijo. Recordó las palabras de su homólogo del 18: «Nosotros fuimos mejores». ¿Insinuaba que el destino del Universo 18 había sido mejor que el del 13? ¿A qué se refería Vegeta del Universo 18? ¿Llegar a explotar el poder más increíble del universo? ¿Ser el auténtico Príncipe de los Saiyanos? Esto último lo había conseguido él, en el Universo 13... Él mismo había vencido a Freezer...

Sin duda, lo que más sorprendía a Vegeta era la enorme diferencia de estatus entre los dos Príncipes Saiyanos. Él era el amo indiscutible del universo. La gente se inclinaba ante su presencia y temblaba cuando escuchaba su nombre. Los débiles le suplicaban clemencia y los fuertes lo aclamaban. Tenía todas las mujeres que quería y todos sus deseos se habían hecho realidad. ¡Él era Vegeta, el Príncipe de los Saiyanos y era un ser omnipotente situado en la cúspide de la pirámide de la galaxia!

¡El otro ni siquiera era el líder de su grupo! Esa tropa parecía más bien un grupo de amigos que hacían un picnic. No había ningún líder visible. Todos hablaban entre ellos de igual a igual y ese Vegeta parecía perdido en ese grupo como una sombra. Y aún había caído más bajo, puesto que su Kakarotto incluso se burlaba de él. ¿Por qué no le ponía en su lugar con un buen puñetazo?

¿Y sus hijos? Saltaba a la vista que ese chaval inmaduro tan endeble ni siquiera participaba en el torneo. Incluso su padre parecía decepcionado por culpa de la falta de espíritu combativo de su hijo. Y su hija parecía una princesa. Su tono altivo y despreciable le convencía, ¡pero esa desgraciada era aún más débil que su propio hermano! Parecía que Vegeta jamás la había entrenado...

En la raza saiyana no hay sexo débil. Seguramente, la decadencia producida en sus hijos se debía a la influencia del planeta ridículo donde vivían. ¿Y qué había obtenido? Una vida miserable nada honorífica y unos hijos fracasados. ¿Cómo era posible que ese necio se considerara mejor que él, el amo de todo el universo? Definitivamente, algo no cuadraba, sin duda.

Un rato antes se había disputado el combate entre ese Vegeta y el otro del Universo 10, un Rey de los pies a la cabeza. Lo había vencido sin dificultades a pesar de la transformación en Oozaru de su contrincante... Vegeta se preguntaba si la fuerza real de su homólogo procedía de su paz interior.

Entre los guerreros confiados, había un par al lado, justo en el espacio reservado al Universo 14. Eran dos gemelos con un simple número como nombre. Cuando estos llegaron al torneo después de ellos, la chica se burló públicamente de ellos, sobre todo de él, Vegeta. Les dijo que en su universo, jugaron con él y lo mataron... ¿Pero era cierto todo esto? Vegeta quería preguntarle a su doble si conocía a ese par de microbios... pero se lo repensó rápidamente. ¡Era igual! ¡Si le tocaba luchar contra esa muchacha la haría pedazos! De todas maneras, no era posible que fueran muy fuertes... Pero, por otro lado... ¡esa chica sabía su nombre!

Vegeta los miró. Comían con parsimonia una pequeña cantidad de comida. La chica, #18, ya había acabado y esperaba a su hermano con la cabeza apoyada en su mano y el codo encima de la mesa. Parecía aburrida... ¿Esperaba ansiosamente su primer combate? También parecía un poco celosa porque su hermano se enfrentaría a Son Goku en la segunda ronda... ¿Disfrutaría más ella que él en ese enfrentamiento? ¡Y, encima, su hermano se lo recordaba burlándose de ella!

—¡Por fin! —Dijo él—. ¡Ejecutaré nuestra maldita misión!

—Seguro será mejor que destruir ciudades durante treinta y seis años... —se quejó la guapa chica rubia—. Que llegue mi combate pronto para ganarlo rápidamente...

—Pronto te tocará. No te desesperes —dijo su hermano tragando la pasta que estaba comiendo—. ¡Ñam! Qué bueno, cuánto tiempo sin comer algo así.

—¿Quién mató al último cocinero de la Tierra, eh? —Dijo ella con una mirada desafiante.

—Está bien... ¿cómo querías que supiera que era el último, eh? ¡No es mi culpa si los humanos son un cero a la izquierda cocinando! ¡Ni siquiera las mujeres sirven para nada!

—¡Repítelo si te atreves! —Chilló #18 levantándose y golpeando la mesa con su puño.

—No me refería a ti.

La androide se sentó de nuevo, advirtiendo que se había sulfurado con demasiada facilidad. Se aburría y no hacía absolutamente nada. Prefería divertirse haciendo explotar bolas de energía por todos lados y destruyéndolo todo. Hacía decenas de años que no encontraban rastros de poblaciones. La caza de humanos se había estancado en los últimos tiempos. ¡Ver a toda esa gente en el público era un contraste brutal para ella! Además, la mayoría de ellos no eran humanos. Había alienígenas de todas las especies, monstruos, espíritus... Sabía que a su hermano le encantaría ir a las gradas y empezar a aniquilarlos a todos.

Pero el hecho de luchar contra grandes contrincantes en el torneo también la animaba. Destruirlo todo significaría perder la oportunidad de conocer a gente nueva. ¡Si esos pajarracos los enviaban a su universo se quedarían frustrados de por vida!

Miró a su alrededor y observó a los otros competidores. Estaba esa mujer extraña en el espacio reservado al Universo 15 y que esperaba dar a luz a su hijo. ¡Qué boba! ¡Inscribir a su hijo que aún no había nacido!

Mientras la miraba, la mujer acariciaba su vientre transparente y un varga se le acercó. Tenía en su mano un bolígrafo y un pequeño bloc de notas. Le preguntó qué quería de postre.

—¡¡Siento que ya va a salir!! —Gritó la madre de I'K'L, deseando que el nacimiento de su hijo le permitiera participar a pesar de haberse considerado abandono contra #17 una hora antes.

El varga observó el extraño animal que nadaba dentro del útero descubierto. No se movía más de lo habitual. Los únicos movimientos visibles se producían en su vientre que se inflaba y se desinflaba como si respirara a través del líquido de su madre. Si, finalmente, ese bebé decidía salir, ¡el varga quería despreocuparse totalmente! Estaba harto de esa mujer... Cuando llegó a su universo y fueron a visitarla para explicarle la idea del torneo de multiversos, ella no esperaba ningún nacimiento. ¿Por qué la escogieron los detectores? Caminaba lentamente. Seguramente no podía clavar ni un solo puñetazo. ¡Incluso un pequeño soldado varga la haría añicos! Tenía los humos completamente subidos... El varga encargado estaba muy agradecido a la organización por haberla eliminado tan rápido. ¡Se lo merecía! Pensando en todo eso, se le dibujó una sonrisa al final de su pico:

—Seguro, lo estamos esperando. Pero, ¿qué quieres comer?

Quería largarse de ahí y despreocuparse de ella. Él sólo estaba ahí para tomar nota del postre. Naciera o no, ¡él no podía permanecer ahí esperándola durante treinta años!

La madre de I'K'L no podía creérselo. ¿Cómo era posible que ese pato le hablara con ese tono tan altivo? El pato en cuestión esperó medio minuto y se marchó. ¿Estaba asustado de ella? No exactamente. Después de ese silencio intuyó que ella no quería nada. Sólo deseaba permanecer lejos de esa dama desagradable.

Le hubiera gustado mucho más encargarse del Universo 16 que de esa mujer. ¡Las personas de ese espacio parecían muy amistosas! ¡Y, además, comían como auténticos glotones! ¡De entre todos los universos, ése era, aparentemente, el que consumía más comida! Sobre todo ese sujeto llamado Vegetto, que, como mínimo, ¡comía por treinta! No hacía falta contar, pues sería una pérdida de tiempo: ¡con una ojeada ya había suficiente! El número de cuencos y de platos vacíos se apelotonaban a su lado, delante de él y en el suelo debido a la manca de espacio y parecía que los otros no comieran nada en comparación a él. Sólo había una persona que seguía su ritmo: su hija Bra, ¡la única chica capaz de comerse un plato de medida pantagruélica! Contrariamente a ellos, Gohan y Videl no comían mucho. Era comprensible. Presenciar en directo la muerte de su hija les había quitado el apetito. Respecto a Piccolo, sólo bebía un poco de agua y permanecía con los brazos cruzados.

Nadie había dicho nada desde que habían empezado a comer. ¡La atracción principal era ver a Vegetto devorando todos sus platos!

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