DB Multiverse

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DBM Universo 16: La unión de dos vidas

Escrito por Syl & Salagir

Adaptado por Alice

Cuando Vegetto entró en el cuerpo de Buu, tomó una decisión: mantener su escudo (U16) o liberarlo (U18). Esta es la historia de lo que sucedió después... A pesar de que Vegetto ha salvado el universo, Goku y Vegeta, quienes lo crearon, definitivamente han desaparecido...


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Parte 2 :91011121314
Parte 3 :15161718192021222324
[Chapter Cover]
Parte 1, Capítulo 6.

Capítulo 6: Cuando no estamos de humor...

Traducido por Alice

Es en situaciones como ésta cuando te das cuenta de que la diligencia no es necesariamente lo mejor que uno puede hacer al tomar una decisión. En efecto, tras su reciente exilio, Vegetto había insistido en tener su propio apartamento, a la espera de saber con quién podría vivir. Fue por supuesto Bulma la que se lo pagó. Había escogido algo muy modesto a las afueras de Satan City, aunque de todos modos casi nunca estaba en casa. Había una cama, una cómoda y una planta verde como único mueble. Bulma, con gran énfasis, había podido hacerle coger también una mesa y sillas, "por si acaso". Una vez que tuvo su casa, Vegetto había aprovechado la oportunidad para meditar, feliz con su soledad. Sus vecinos no eran ruidosos, el barrio estaba tranquilo. ¿Qué más pedir? Pero hoy, Vegetto sintió por primera vez el peso aplastante de la soledad. La ansiedad le retorcía el estómago. La idea de que podía morirse de hambre, que nunca se le había ocurrido seriamente, lo presionaba hasta quitarle el aliento. Él que nunca había pensado en la muerte, en parte porque ya había estado muerto varias veces antes de su nacimiento, empezaba a preocuparse. Todavía quería permanecer en la tierra para disfrutar de una vida normal (que nunca había tenido ni siquiera cuando tenía la forma de Goku y Vegeta), ¡y ahora se enteraba de que podría no llegar a tenerla! Esperaba de todo corazón que Karin-sama encontrase una solución a su problema. Su estómago se contrajo y de él salieron gorgoteos. Vegetto Se puso allí la mano con un suspiro. El hambre era uno de sus mayores temores, después de los hospitales. Decidió llamar a Chichi y a Bulma para tenerlas al corriente.

Bulma estaba en la cocina preparando la comida para su hijo cuando sonó el teléfono. Ella bajó la intensidad del fuego para dejar cocer el estofado antes de ir a descolgar.

“¿Hola?” dijo por costumbre.

“Bulma, soy yo.” Respondió Vegetto.

“¡Ah! ¡Esperaba noticias tuyas! ¿Y bien?”

“Pues me fui al palacio de Dende, y me dijo que no entendía lo que estaba pasando, así que me fui a ver a Karin-sama que me dio senzus. Era la única manera de calmar mi hambre...”

“¡Pero si las senzus logran saciarte, ya está! Sólo tienes que hacerte con ellas de forma que siempre las tengas a mano...”

“¿Cómo? ¡Karin-sama dijo que no tiene más que tres cada treinta y seis días!”

“Le pediste que ampliase su cosecha?”

“Me dijo que vería lo que podía hacer...”

“Ya veo... Sólo te queda... Esperar...”

Bulma escuchó a Vegetto suspirar en el otro extremo del cable.

“No me gusta esperar sin hacer nada, lo sabes muy bien. He salido en eso a cierta gente...”

Bulma se permitió una sonrisa con la broma, a pesar de la situación tan trágica. Ella tampoco temía a la muerte, porque a través de sus conexiones conocía bien a los dioses, pero tener que estar separada de Vegetto le causaría más sufrimiento. Propuso:

“Si tienes hambre, ven a casa, prepararé algo de comer...”

“No, gracias... Irónicamente, la mala noticia me ha hecho un nudo en el estómago... Por ahora...”

“¿Vas a llamar a Chichi?”

“Sí. Se lo explicaré todo... Ella también estaba preocupada.”

“¡Entonces, date prisa! ¡Te dejo, que tengo algo en el fuego!”

Después de las fórmulas habituales de despedida, Vegetto colgó, triste, y cogió el teléfono para explicarle las mismas cosas a Chichi. Su reacción fue, por supuesto, muy violenta, pero el ánimo taciturno de Vegetto la calmó. Una vez que colgó, se sentó. Fue entonces cuando un inmundo gorgoteo salió de su estómago. Al parecer, su cuerpo le daba una orden, pero él no se sentía con ganas de comer. El Saiyano es un ser que come cuando quiere, atracarse sin placer no le atraía mucho. Vegetto se hundió en sus pensamientos sobre su sofá. El dolor en su estómago hambriento repercutía en todo su cuerpo, dejándolo sin fuerzas, hasta su cerebro. En su opinión, éste último se contraía en busca de reservas para seguir funcionando. El sonido de su vientre era tan desagradable que se tapó los oídos con las palmas de sus manos, pero él seguía oyéndolo resonar en él. Pensó en las ofertas de Bulma y Chichi, pero tenía los miembros demasiado pesados para moverlos y la boca demasiado blanda para pensar en tragar cualquier cosa. Goku tenía una tendencia a debilitarse en exceso cuando no tenía nada en el vientre. Desafortunadamente Vegetto había heredado esta otra característica. Su teléfono sonó. Se levantó sin entusiasmo y descolgó para decir con una voz triste el eterno "¿hola?".

“¡Goku, soy Krilin! ¡Hace un montón de tiempo que no nos hemos visto! ¿Qué te parece venir a comer aquí? ¡Estaríamos muy contentos de recibirte!”

Incluso si una cena no lo tentaba en absoluto, la posibilidad de volver a ver a dos de sus mejores amigos le alegraba. Así que él aceptó con prontitud antes de ir a prepararse y teletransportarse a Kame House.

Se apareció bruscamente delante de Krilin, C-18 y su hija. Él los saludó con una sonrisa de oreja a oreja. No hay nada como una buena pequeña visita a los amigos para relajar los nervios. Krilin dijo:

“¡Vayámonos ya a la mesa! ¡Te he hecho un pollo relleno de nuez, ya me dirás qué te parece!”

Vegetto fingió estar interesado para no herir a su amigo. ¡Se había esforzado mucho por él! Se lo debía. Se metió en la boca el primer bocado con el tenedor. El sabor de la comida era tan exquisito que sonrió con placer. Su paladar se llenó del sabor de la cocina de Krilin y su estómago estaba pidiendo más. Las cucharadas se sucedieron una tras otra. Krilin parecía encantado. Al final de la comida le confesó:

“En realidad, Bulma me había llamado para contarme lo de tu problema, y me dije que incluso si no querías tenías que comer. Al parecer, he tenido éxito...”

Vegetto se había comido efectivamente una quincena de platos de una sentada. C-18, siendo un androide, comía muy poco, y Marron y Krilin tenían apetito normal. Vegetto miró agradecido a sus amigos. Había pasado un buen rato que le había devuelto la moral. Regresó a casa con la transmisión Instantánea unas horas más tarde, y aunque todavía tenía hambre se durmió como un bebé.

Había dicho que al día siguiente iría a casa de Chichi. Lo prometido era deuda, se iba a ir cuando oyó una voz en su cabeza:

“¡Vegetto, soy yo!”

“¿Supremo Kaio-sama?”

“¡Sí! Karin-sama contactó con Dios, que contactó con Kaio-sama, quien se puso en contacto conmigo acerca de tu problema... De apetito...”

“¿Ah, sí? gritó Vegetto, loco de esperanza.”

“¡Ve al palacio de Dios, vamos a reunirnos todos allí!”

Dicho y hecho. El Saiyano se apareció delante de Dende y Piccolo. Le dedicaron una sonrisa (más pronunciada en Dende). Vegetto se la devolvió, aliviado de que hubiesen encontrado una solución tan rápido.

Al lado de Vegetto apareció Shibito llevando del brazo del anciano Supremo Kaiosama. Vegetto los saludó con la mano. El más viejo se aclaró la garganta y dijo:

“No nos quedaremos mucho tiempo. Quiero ser breve. Para vivir, necesitarás una gran cantidad de senzus, Vegetto. Mucho más de lo que podíamos cultivar en esta tierra.”

Vegetto asintió con la cabeza. Era consciente de ello, por supuesto. El Supremo Kaiosama continuó:

“Es por eso que tendrás que plantarlas en otro sitio.”

“Pero... ¿Dónde?” preguntó Vegetto.

“¡Déjame terminar mis frases! se enojó el viejo. Bueno, ¿por dónde iba...?”

“Por "en otro sitio". Dijo Shibito.

“Ah, sí, gracias. Así que por eso necesitas otro planeta para cultivarlas. Un planeta deshabitado, y con una atmósfera propicia para el desarrollo de senzus.”

“Pero eso no existe.” Dijo Vegetto, desanimado.

“¡Ya te he dicho que no me cortes! ¡Por supuesto que existe! dijo en un arrebato el Supremo Kaiosama. ¡De lo contrario, no te lo habría dicho!”

“Es cierto, perdón...” Murmuró Vegetto tímidamente.

“Ya hemos encontrado un planeta que podría valer. Se encuentra a algunos miles de años luz de aquí...”

“Pero, ¿cómo voy a ir allí?” dijo Vegetto, presa del pánico.

El anciano le dedicó una mala mirada. Shibito puso una mano sobre su hombro para tranquilizarlo. Las iras de su maestro nunca eran buenas. El viejo respiró hondo antes de decir:

“Sé muy bien que tu Transmisión Instantánea sólo te permite teletransportarte a una fuerza que hayas sentido, y no a un lugar. Pero resulta que a mi lado hay alguien que puede enseñarte a teletransportarte a un lugar que visualices.”

Vegetto miró esperanzado a Shibito. Este último asintió con la cabeza.

“Tú vendrás conmigo al reino de los dioses durante el tiempo de aprendizaje. Pero primero vamos a enseñarte tu planeta.”

Vegetto sonrió ampliamente. Él estaba seguro de poder aprender el teletransporte enseguida. Pero el anciano Kaiosama interrumpió sus pensamientos:

“Escucha, le hace falta un año a una Senzu para crecer. Así que añade ese tiempo de crecimiento al tiempo que gastarás en aprender la teletransportación, y al que tardes en encontrar a alguien que te eche una mano.”

“¿Un año? Eso significa que voy a tener hambre durante... ¿Un año?”

“Sí.” Suspiró el viejo Son cosas que pasan.

Vegetto se sintió cansado. Un año era un período de tiempo enorme. Sintió una mano en el hombro y levantó la cabeza para ver que era Shibito que lo daba su apoyo.

“Oye, tenemos que darnos prisa. Dijo su amigo. Vayamos ahora, cuanto antes se haga, mejor.”

“Está bien, pero debo advertir a mi familia primero...”

“¡Estoy de acuerdo! exclamó Shibito con una gran sonrisa. Tenía ganas de volver a ver a Gohan.”

“Dende, Piccolo, Supremo Kaiosama, ¿queréis venir con nosotros? sugirió el Saiyano.”

“¡Claro, sí! exclamó el pequeño namekiano.”

“Yo también, dijo Piccolo, siempre tan pasivo.”

Vegetto pidió al grupo que pusieran sus manos sobre él para que fuesen con la Transmisión Instantánea. Llegaron al lado de Bulma.

“Hola, dijo Vegetto.”

“Vegetto, ¿por qué has traído a toda esta gente? preguntó la terrícola. ¡No he preparado nada!”

“¿Puedes llamar a Chichi, por favor? Tengo un anuncio que hacer... Dijo Vegetto, con tono serio.”

Bulma se dirigió al teléfono sin decir una palabra y marcó el número.

“Hola... Dijo una voz soñolienta en el teléfono.”

“Hola Chichi, soy Bulma.”

“Bulma, ¿sabes qué hora es por lo menos? preguntó la voz amenazante de Chichi.”

“Oye, ven lo más rápido posible, Vegetto tiene un anuncio que hacer.”

“... Vale, ya voy. Dijo Chichi, instantáneamente más despierta.”

Media hora más tarde, ella estaba allí con sus hijos vestidos con un esmoquin.

“Chichi, estamos entre amigos, no es una boda, bromeó Bulma.”

“Quiero que mis hijos estén presentables, se defendió la matriarca. He hecho bien, concluyó: ¡Los grandes dioses del universo están ante nosotros, es un honor!”

Bulma se rió cuando vio la cabeza de Gohan, rojo como una peonía. Todos se instalaron en el salón.

“Escuchad, me voy a tener que ir durante un tiempo... Anunció Vegetto.”

“¿Qué?” exclamó la reunión.

“Voy a aprender una nueva técnica en el reino de los dioses. Para sobrevivir, tendré que sembrar senzus en otro planeta, explicó.”

“Pero, ¿cómo lo vas a hacer? le preguntó Trunks.”

“Bueno, supongo que contrataré a gente...”

Gohan le miró con los ojos como platos. Vegetto dijo:

“Tengo que pensar en ello con más cuidado... ¡Pero seguro que encuentro algo!”

“¿Has pensado en extraterrestres?”

“Ya veré después de las primeras cosechas...”

Bulma suspiró. No le gustaba tanto esa idea, pero si era la única manera, que así fuese. Chichi dijo:

“¿Pero tienes por lo menos algún conocimiento de agricultura?”

“Bueno, hice agricultura como Goku. Recuerdo cómo plantar, regar, recolectar...”

“Sí, pero ¿no conoces los métodos para lograr la mejor calidad y cantidad, verdad?”

“Umm... Respondió simplemente Vegetto, rascándose la cabeza.”

“Yo te explicaré, Vegetto. Tienes suerte de tenerme cerca de ti, porque de lo contrario a saber qué harías sin duda.”

Bulma le lanzó a Chichi una mirada sombría.

“Cualquiera puede hacerlo.” Dijo con altivez la directora de la Capsule Corporation.

“¿Porque quizás tú sabes algo del barbecho y el cultivo?”

Bulma se quedó en silencio, simplemente porque no lo sabía. Vegetto calmó la situación:

“Vamos, no importa. Chichi me explicará cuando sepa realizar la teletransportación. Mientras tanto, por favor, no os peleéis.”

Las dos mujeres suspiraron. Shibito presionó a Vegetto:

“Tenemos que hacerlo rápidamente. No quiero interrumpir el "adiós", pero tus días están contados, amigo mío.”

Vegetto miró con aire triste a su familia y les hizo una última señal antes de desaparecer con los dos dioses. Bulma dijo:

“¿Crees que la aprenderá rápidamente?”

“Sí, dijo Chichi. Tiene los genes de Goku y Vegeta, así que está claro.”

Y toda la familia lanzó un profundo suspiro, rezando a Dende para Vegetto saliese adelante.

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