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Hanasia, Reina de los Saiyanos

Escrito por Salagir

Adaptado por Alice

Esta historia tiene lugar en el planeta de los Saiyanos, hace 1000 años, mucho antes de que se convirtieran en los asesinos de poblaciones enteras que sembraron el miedo en toda la galaxia, en la era del Rey Vegeta...
Si alguna vez te has preguntado cómo estas personas tan poderosas vivían como una sociedad, si quieres saber cuál fue el destino de los guerreros legendarios antes de Broly, si las aventuras de un luchador frenético y emocional en un mundo de matones te tentan, entra en el mundo de la saga de Hanasia.

Próxima página en: 38 dias, 17h.


Parte 1 :123
Parte 2 :456789101112131415
[Chapter Cover]
Parte 2, Capítulo 9.

El guerrero Tsuful

 

Traducido por Alice

 

Frío. Hacía mucho frío.

Mientras se levantaba, podía sentir el viento en su cuerpo. El viento estaba frío, el viento era malo. Golpeó el suelo con fuerza, eso lo calentó un poco, pero no elimino el frío en su totalidad. Entonces levantó la mirada. Esta habitación era grande, no tenía fin. Desde que se había despertado, sintió un montón de cosas inusuales.

— Asesina, elimina, mata.

La voz estaba aquí. La voz era su amigo, su único amigo, pero en el agujero vacío que era su vida, la mera idea de amigos, parientes y otras personas era ajena a él. Siempre había sido así: sólo él y la voz, solos. Siempre que veía algún tipo de vida, siempre los había matado.

— Por ahí. ¡Muchos objetivos! ¡Matalos!

Fue en la dirección que le había dicho la voz. Su cuerpo se calentaba, su ritmo cardíaco aumentaba, como lo hacía cada vez que iba a haber una pelea real. Sabía que eso significaba que iban a haber muchos oponentes, o que fueran poderosos, o ambos.

Corrió al lugar, volando.

En la sala de control, Chiin-Lee estaba viendo la pantalla mostrada, desde una cámara volando en lo alto del cielo, el Saiyano sediento de sangre volando hacia el objetivo. En el panel de control, el técnico acababa de liberar la testosterona y el estimulante en su cuerpo. A su izquierda, el locutor quien era "la voz". En la parte trasera estaban los responsables del proyecto de monitoreo, aquellos que buscaban potenciales guerreros milenarios: eran ellos los que habían proporcionado las coordenadas del pueblo donde iba su arma voladora, uno de estos posibles guerreros vivía allí.

Estaba volando muy rápido. Sintió que se estaba acercando. Sentía la vida, sentía sangre. La voz le animaba. Y de repente, había muros. Pequeñas paredes, no como las que a menudo tenía que destruir para ir de una habitación a otra. Muchos pequeños muros. Y en el medio, los objetivos. ¡Muchos! Grandes, pequeños... Había vida por todos lados. Había numerosos organismos en todas partes. Atravesó una pared y atrapó un blanco. Lo aplastó en el suelo y con un rápido golpe, rompiendo su cuello. Rocas de las paredes cayeron alrededor. Todos los demás objetivos lo habían notado y reaccionado, pero nunca había querido ser discreto. De repente cambió de dirección, ahora va hacia un pequeño objetivo. Lanzó un grito mientras trataba de liberarse, pero cavó sus dedos en su estómago, destruyendo sus tripas.

Los otros objetivos se lanzaron sobre él. Eran ruidosos. Pateó al que era el más cercano a él y este objetivo fue hacia atrás, a través de un pequeño muro. Pero no lo había matado, tenía que acabar con él. Voló hacia ella, pero sintió hormigueo en su cuerpo.

Volviéndose, vio a los blancos lanzándole ataques energeticos en forma de esferas. No eran muy poderosos, así que estaba bien. Pero tan pronto como hubiera terminado con el objetivo actual, lanzaría una esfera de poder enorme en el grupo, con el fin de dispersarlos.

Qué desastre... que cosa tan más horrenda, pensó Chiin-Lee. Los Saiyanos eran como hormigas, moviéndose alrededor del guerrero lobotomizado, tratando de luchar y deshacerse del invasor, pero eran como juguetes ante él.

Mató uno tras otro. Se dirigió hacia un niño. No hizo ninguna diferencia. Chiin-Lee no quería volver a ver esta terrible escena, lo que había hecho con la primera victima. Habló con el locutor que era "la voz".

— Dile que vuele, de esa manera sólo los más fuertes lo atacarán. No hay necesidad de matar a toda la aldea.

Pero ella podía sentir una especie de excitación en la habitación, el entusiasmo que un Tsuful podía sentir cuando estaba viendo una película violenta y sangrienta. Excepto que esto era real.

Podía sentir la alegría de alguien que se encontraba detrás de ella. Esta persona odiaba a los Saiyanos, sin ninguna razón verdadera. Al igual que alguien que odiaba a los que no eran como él. Este Tsuful se deleitaba viendo a estos animales ser violentamente aniquilados.

— Vuela. ¡Vuela!. El objetivo más importante esta en el cielo.

Voló, pero no soltó el objetivo que había elegido. Al alcance de su mano, captó la cara de su pequeño objetivo y se elevó a una docena de metros. El objetivo le dio un puñetazo, pero fue extremadamente débil.

Desde abajo, un gran blanco saltó hacia él.

— ¡Más alto!

Se levantó de nuevo y el gran objetivo no lo alcanzó. Pero ella lanzó una rafaga de ki, lo cual, este guerrero alterado genticamente esquivó. Luego aplastó el rostro de su prisionero sobre su rodilla. Había sangre en sus manos otra vez. Lo hizo de nuevo. Esta vez, murió por lo que solto el cuerpo.

Debajo, los objetivos estaban enormemente agitados. Decenas de ataques energeticos le fueron lanzadas desde todas direcciones. Se protegió a sí mismo. Eso le dolió un poco. Cuando tenía las manos en la cara, olía el dulce olor de sangre que no era suyo.

El flujo de ataques se había detenido. Los objetivos importantes estaban volando a su nivel. Había dos, una grande y una media. Los objetivos le gritaban.

La cámara fue directo a los dos jefes de la aldea que habían venido a desafiar al monstruo. Chiin-Lee los estaba escuchando: le estaban preguntando a este asqueroso Saiyano por qué había atacado su aldea, quién era y qué quería.

Pero el guerrero Tsuful nunca había sabido hablar, ni siquiera entendía el idioma Saiyano. Excepto la voz en su cabeza, ninguno le había hablado jamás.

Una rabia comprensible se había apoderado de los dos Saiyanos. Chiin-Lee pensó que era una pareja, probablemente la más fuerte de la aldea. Fueron ellos, o uno de ellos, los que irradiaron con una energía tan grande que el grupo de vigilancia había detectado y escogido este pueblo. Para su perdición.

Iban a morir.

Cuando vio que el monstruo no iba a contestar, el macho ataco.

El gran blanco se dirigía hacia él. Este objetivo era más rápido que el otro. Más peligroso. Más fuerte. Le lanzó un ataque de energia, el objetivo tuvo tiempo para reaccionar y lo esquivó. Estaba cerca ahora, a punto de golpear. Pero él cogió el puño. Golpeó con fuerza. Pero no era nada. Primero un golpe en el objetivo capturado. Sufrió e hizo un ruido. Tenía que girar la cabeza hasta que se agrietara ahora. Con un repentino dolor de cabeza, el blanco medio también había atacado. No era bueno, lo había olvidado. Su pie había aplastado su cara y luego había dejado caer el gran blanco. El objetivo medio era rápido también. Volvió a atacar. Sus brazos eran demasiado rápidos para ser atrapados. Pero los golpes no causaron ningún daño. Un puñetazo en el objetivo medio. Huyó. Lanzó una esfera de energia. Ah, el gran objetivo también lanzó un contraataque. Él lo paró y le dolió un poco hacerlo.

Los dos blancos atacaron al mismo tiempo. Iban a golpearlo, ¿debía desviarlos? Decidió atacar en su lugar. El gran blanco le golpeó lateralmente. Duele, pensó en lo más profundo de su ser. El blanco medio le golpeó en la cara. Por una fracción de segundo, no vio nada. Pero él había atacado con su mano abierta sobre el objetivo medio. Ciertamente su estomago habia sido herido.

Recuperando sus sentidos, iba a atacar al gran blanco. Entonces, una rafaga de ki iva directo hacía él. No tuvo tiempo de esquivarlo. Mientras lo rechazaba, el gran objetivo se precipitó hacia él. El gran objetivo estaba a su merced. Pateando, golpeando, varias veces. El objetivo no logró reaccionar más. Acabalo ahora, recibio una orden de “la voz”.

El blanco grande era resistente. Mientras trataba de retorcerle el cuello, sostenía su mano y se resistía. Se estaba preparando para usar más fuerza cuando vio el objetivo medio. El guerrero de los Tsufuls había soportado muchos golpes, pero no era nada comparado con algunos de los entrenamientos que había pasado. El ingeniero ajustó los productos químicos que soltó en el cuerpo del lobomotizado guerrero con extremo cuidado.

El locutor no dijo nada. No quería molestarlo en su actividad. Estaba observando la escena con una especie de disgusto. A pesar de su estudio en psicología y de su total falta de escrúpulos para manipular la mente de un ser volviendolo completamente loco, rechazaba toda esta violencia física.

— ¿Cómo te va? Preguntó Chiin-Lee. Creo que le está tomando mucho tiempo para deshacerse de dos simples Saiyanos.

— No es un problema -respondió el ingeniero-. No ha sufrido ningún daño. Está casi en su punto de ebullición. Dentro de unos segundos, subirá un escalón.

En la pantalla, el guerrero sostenía a su oponente masculino, como si fuera una rama muerta, pero era como si lo hubiese olvidado. Este guerrero tenía un problema de atención. Estaba más interesado en la reacción de la mujer: sostenía su estómago, tosiendo de dolor. Ella no tenía sus tripas desgarradas, a diferencia del loco guerrero, pero estaba sangrando.

El ingeniero hizo una señal al locutor y se fue a usar su micrófono nuevamente.

— Toda tu fuerza. Usa toda tu fuerza. Puedes hacerlo ahora. Matarlos a los dos. ¡Mátalos!.

Sintió que su potencial había sido liberado. Reconocia este signo. Podía darlo todo. Extendió los brazos, soltando el gran blanco que había olvidado, y lanzó un grito gutural, liberando su poder. Los seres a su alrededor estaban temblando. Tenían razón al hacerlo.

Pero entonces, entendieron que tenían que ayudar en la pelea y otro conjunto de ataques de esferas energeticas lo atacó desde abajo. Eran numerosos y poderosos porque estaban motivados. Pero sólo le hacía cosquillas. Preparó una enorme esfera de poder. Uno que destruiría el suelo con todos los que estaban sobre él, y las paredes también. El cargó y cargó el ataque. Otras esferas de poder fuego volaron en dirección a el. Esquivó unos cuantos y extendió los brazos en forma de cañón. Una enorme esfera de poder creció entre sus dedos y lanzó una explosión ultra-potente de energía. Pero cuando estaba a punto de lanzarlo, el suelo giró alrededor de él. Era el objetivo medio que lo golpeaba. Dio la vuelta. No podía controlar su propio ataque y se fue hacia el cielo.

El objetivo estaba motivado. Golpeó rápidamente, sin ceder. Era muy rápido. Pero no tanto como él. El golpe rozo su cuerpo. De repente, cogió su brazo.

Con la otra mano, lo golpeó. Pero ya no puede escapar. El objetivo medio esquivó tanto como pudo, pero sufrió daños en el proceso. Lo sentía cada vez más lento. El final estaba cerca. Fue el momento del golpe mortal. Con su mano, iba a cortarle el cuello.

Su agudo ataque se precipitó hacia el objetivo. En sus ojos, en la última fracción de segundo, vio el miedo a la muerte. Hubo un destello en la retina. Vio todos los objetivos abajo y las paredes. Los ojos estaban húmedos. Por primera vez, vio en su objetivo un nuevo tipo de desesperación. Un miedo que nunca había analizado. Miedo e ira. Fuerza. Fue el segundo más largo de su vida.

No tenía el cuello. El objetivo medio había bajado la cabeza y la boca que golpeaba su mano aguda. Apretó los dientes. La mano fue atrapada con fuerza. ¡Duele mucho! Dijo.

La cámara voló a su nivel, aunque permaneciera a distancia. Gracias al zoom, la imagen parecía estar muy cerca. La hembra mordio a su oponente hasta que lo hizo sangrar. Había la determinación característicamente Saiyana que aumentó su fuerza. La cámara se acercó a su rostro porque era el centro de acción.

— Pero... ella... ¿está llorando? Dijo Chiin-Lee.

Chiin-Lee había pasado mucho tiempo estudiando Saiyanos. Había visto muchas peleas, de cerca. Luchas a muerte, peleas entre reyes. Los ojos húmedos de esta chica no se parecían en nada a todo lo que había visto con anterioridad. La energía que motivó a este Saiyano vino de un sentimiento único, un sentimiento Tsuful, el sentimiento de amor por sus parientes. Ella nunca perdería porque protegía su aldea. Al verla de cerca, Chiin-Lee pensó que en realidad era muy joven. Parejas de Saiyanos con una enorme diferencia de edad eran comunes, pero dudaba que fuera realmente el caso. El otro atacó de nuevo. A pesar de sus numerosas heridas. Increíble.

Y entonces, Chiin-Lee vio un ataque que ella no esperaba. El macho no golpeó al Saiyano con esteroides. ¡Atrapó sus piernas! Con sus poderosos brazos, inmovilizó a sus miembros inferiores y comenzó a tirar de él hacia el suelo. La hembra seguía mordiendo y la sangre salía de su boca. ¡El macho grande quería arrojarlo al suelo para que los aldeanos lo golpearan! ¡Había entendido que el monstruo era muy poderoso y que no podía ser asesinado de la manera habitual! Para contar algo como esto, entre otras cosas, era algo extraño para los Saiyanos este tipo de adversario.

En cuanto a la joven Saiyana, sus piernas estaban libres y, sosteniendo los brazos del guerrero con sus dos manos, lo estaba atacando con patadas en el estómago. Chiin-Lee quedó impresionado por este dominio de la lucha aérea.

El fue atrapado. Golpes de todas partes. Le dolía la mano. Su estómago empezaba a doler. Estaba a punto de tener serios motivos para preocuparse.

— ¡Contraataca! Se escucho en su mente.

Enfrento al blanco medio con su mano y brazos cautivos. Se levantó de las piernas y el gran objetivo fue tirado hacia arriba. Los blancos se golpearon. Se retuvieron de nuevo. No importaba. Los lanzó en dirección opuesta y ganó aún más ímpetu cuando los golpeó de nuevo. Esta vez había golpeado muy fuerte y los dos blancos lo soltaron con un grito.

Un ataque directo fue propiciado, lanzando una enorme esfera de energia delante de él, y el objetivo medio voló cientos de metros de distancia. Luego se lanzó sobre el gran blanco de abajo. Voló verticalmente, con los brazos estirados, y empujó al objetivo que estaba horizontal. Fue tan rápido que no pudo reaccionar. Empujó hacia abajo. La tierra estaba llegando rápidamente. Los blancos débiles huyeron del punto de impacto.

Y hubo un impacto. El gran blanco se estrelló entre el suelo y sus brazos, cavando un cráter. El suelo volaba por todas partes y todos los objetivos en el suelo se precipitaban hacia él. Pero iba a escapar fácilmente. Ah, no podía volar. ¡El gran blanco no habia muerto en el acto! Sangrado, con los ojos cerrados, le había agarrado las muñecas y lo había retenido con su fuerza restante.

— Ingenuo…

En un momento, se había vuelto y había puesto los pies en el suelo. Luego se alejó fácilmente, alejándose de la empuñadura. Todos los objetivos estaban sobre él. Un buen golpe a la vista. Recargó su poder en forma de esfera que había perdido la última vez. Lo cargócon más potencia. Esta vez, todos los objetivos iban a morir al mismo tiempo.

El objetivo medio estaba de vuelta. Era realmente resistente. Quería evitar que volviera a lanzar la esfera de energia. Pero esta vez, estaría perdiendo el tiempo. Estaba completamente seguro de esto. Entonces, se precipitó hacia él para atacar. Pero lo esquivó con facilidad. Se acercó y lo golpeó, pero no se movió en absoluto. Sus brazos seguían apuntando hacia el suelo y su esfera de energía aumentaba de tamaño con cada segundo. Se arrojó sobre él y se aferró a su espalda, tratando de hacerle cambiar de dirección, pero estaba inmóvil en el cielo. Su capacidad de volar era mucho mejor que la suya.

El pueblo estaba a punto de ser destruido. Sería de mal gusto pedir la cesación de este ataque, así que Chiin-Lee permaneció en silencio. La cámara estaba todavía lo bastante cerca para ver el dolor y el temor en la cara de esta joven al pensar que su pueblo iba a ser destruido.

¿Cómo no podían sentir empatía por esta criatura? Sin embargo, un enorme placer se apoderó de la Tsuful que estaba detrás de ella. Ella brillaba ante la idea de lo que iba a suceder.

Sin lograr mover a su oponente, la joven Saiyana se esforzaba cada vez más. Podían ver en el medidor de energía que estaba alcanzando niveles mucho más altos que el promedio, pero no sería suficiente.

Como un mal presentimiento, Chiin-Lee y la chica Saiyana entendieron que la esfera de energía estaba a punto de ser lanzada aquí y ahora. La cara del Saiyano se retorcía de dolor, y los ojos de Chiin-Lee estaban húmedos.

La joven Saiyana apretó los dientes y pudieron verla atrapada por la desesperación y la ira, una ira tan inmensa. De repente, las pantallas mostraban el cielo y luego el suelo. La cámara giraba y el sonido era borroso. Una onda de choque lo había golpeado, pero la esfera de poder no había sido lanzada, ¿verdad?...

No era normal. El objetivo medio lo hizo moverse. No logró mantener su dirección. El objetivo estaba sosteniéndolo firmemente. No podía liberarse. La esfera de poder fue lanzada. En el cielo otra vez. Quería liberar sus brazos. Pero no podía. Oyó un ruido que nunca antes había oído. Sintió una luz en su espalda, pero el sol no estaba allí. Se estaba poniendo cada vez más apretado. Realmente le dolió mucho. Oyó un crujido. Fueron sus huesos. Ya no sentía su cuerpo. Ya no sentía el frío mordisco del viento, ni el calor que le arrancaba la espalda un segundo antes. Ya no veía el cielo.

Y la voz ya no estaba allí para decirle que estaba muerto.

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