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Hanasia, Reina de los Saiyanos

Escrito por Salagir

Adaptado por Alice

Esta historia tiene lugar en el planeta de los Saiyanos, hace 1000 años, mucho antes de que se convirtieran en los asesinos de poblaciones enteras que sembraron el miedo en toda la galaxia, en la era del Rey Vegeta...
Si alguna vez te has preguntado cómo estas personas tan poderosas vivían como una sociedad, si quieres saber cuál fue el destino de los guerreros legendarios antes de Broly, si las aventuras de un luchador frenético y emocional en un mundo de matones te tentan, entra en el mundo de la saga de Hanasia.

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Parte 1 :123
Parte 2 :456789101112131415
[Chapter Cover]
Parte 2, Capítulo 5.

El Saiyano empático

 

Traducido por Alice

 

Nizouki visitó pueblos y aldeas. No había encontrado nada de interés. Ningún Saiyano que fuera lo suficientemente loco como para que no le gustaran los pájaros, las flores y los niños. Sentía que había visitado unas cien aldeas cuando llegó al lugar donde nos fuimos en el capítulo anterior. Entonces estaba muy lejos de la ciudad del Rey.

En lugares tan remotos, a menudo sucedía que la autoridad del Rey era disputada. En realidad, la autoridad del Rey tenía que renovarse cada vez que esperaba algo de un lugar lejano. Había una razón por la cual todos los mensajeros encargados de realizar un censo eran altos miembros del ejército: tenían que someter a los aldeanos y recordarles lo fuerte que era la capital.

De hecho, muchos generales se fueron de aldea en aldea para ofrecer a los Saiyanos que se unieran al ejército, pero eso no había ocurrido durante más de 340 años, cuando un Rey había decidido ir a atacar la parte del mundo Tsuful.

Después de varias semanas de investigación, volando sobre el mar, el ejército de Saiyanos había destruido una isla grande y vacía, pensando que probablemente los Tsufuls vivían debajo de ella.

 

Era un pueblo de tamaño medio, y las casas bien cuidadas y las estructuras organizadas (como este lugar en el centro del pueblo para las celebraciones y la reunión de los Saiyanos) significaban un jefe inteligente y eficiente.

Nizouki bajó y aterrizó en la frontera de la aldea, luego entró a pie, yendo hacia el centro del pueblo.

Con su armadura brillante, no pasó desapercibido -este era el objetivo después de todo- y los Saiyanos lo observaban, o lo seguían. Como sucedía a menudo, fue detenido en su camino por una chica audaz. Una joven Saiyana estaba en su camino y claramente lo desafió. Después de todo, el hombre había venido por su propia voluntad mientras él no había sido invitado. Y obviamente era bastante viejo. Así que tuvo su oportunidad.

Ella escupió en el suelo, junto a ella y apenas volvió su cabeza hacia él que vio la mano de su oponente corriendo hacia ella. El ataque le alcanzó el hombro y fue arrojada hacia atrás antes de que ella pudiera reaccionar. Así fue como Nizouki la envió volando varias yardas hacia atrás mientras los otros aldeanos se reían. Luego siguió su camino.

 

 

Hoy el Rey estaba entrenando a un ejército para enfrentar al Saiyano milenario, aunque no era del todo oficial.

Hartich había notado la conmoción y lo esperaba en medio del pueblo. Cuando el líder vio su armadura, inmediatamente reconoció su función.

— Eres un general del Rey. Bienvenido a nuestro pueblo.

No siempre había sido bien recibido de esta manera. Este jefe era claramente más educado que los otros que había conocido en sus viajes.

 

Prepararon un banquete desde cero tan rápido como pudieron para discutir con el recién llegado -no podían hablar sin comer- lo que dio lugar a que todos los miembros del pueblo aparecieran porque no querrían perder una ocasión para comer.

Nizouki explicó directamente que estaba buscando un estudiante, un luchador para entrenar.

— Es un honor que no podemos rechazar, dijo Hartich. ¿Te gustaría probar con algunas de las personas aquí, aquellas que crees que tienen potencial?

— Bueno... tú eres el jefe. Muéstrame quien es el más fuerte de tu pueblo.

 

Hartich vaciló un momento y luego se levantó mientras tragaba su último trozo de carne.

 

Por cuarta vez consecutiva, Hartich fue arrojado al suelo por el general. El jefe se levantó se sacudió el polvo y la sangre y regresó a su postura con dignidad. Frente a él, Nizouki no había sido tocado ni una vez. El aldeano estaba asombrado.

Estaban orgullosos de su líder. ¡Su líder era muy, muy fuerte! Lo sabían porque él ya había aplastado a los jefes de los pueblos circundantes siempre que surgían problemas.

Y ese habitante de la ciudad lo derrotó sin ningún problema.

— Eres muy fuerte, dijo Nizouki. A pesar de que eres un forastero, tu poder es sorprendente. Has viajado mucho, ¿verdad? Los espectadores volvieron los ojos al oír esta afirmación.

— Me temo que no eres el que estoy buscando. Creo que voy a matarte. Y lentamente creó una esfera de energia en su mano.

 

Los espectadores contenían la respiración. Matar a alguien en una batalla amistosa no era muy amable, pero no les importó lo suficiente como para intervenir. En cuanto a Hartich, no planeaba morir así. Él guerrero corrió hacia su oponente con rabia y lo atacó.

Ahora motivado, Hartich era mucho más eficiente que hace unos instantes, sin mucho esfuerzo Nizouki paró los golpes y soltó su ataque. Sin embargo, el general no logró su cometido.

Los dos oponentes ahora se enfrentaban de lejos y mientras Hartich vacilaba, Nizouki buscaba entre la multitud al Saiyano que vendría y pararía esta lucha.

Porque matar durante una batalla amistosa no era lo que se hacía y sólo un Saiyano del mismo linaje, o un interesado, reaccionaría ante semejante injusticia. Y dada la gran brecha entre su nivel, sólo un cobarde mataría a alguien que era más débil que él en estas condiciones.

Era una chica interesada que reaccionaba. Una joven Saiyana, de la edad de Hanasia, que quería, desde que ahora era libre, vivir con el padre de Hanasia y ser su esposa. La diferencia de edad nunca había sido un criterio para el pueblo de los Saiyanos cuando se trataba de amantes.

— Él no es el más fuerte del pueblo -dijo-.

— ¿En serio? Respondió Nizouki. Tal vez hay alguien más que esté dispuesto a luchar contra mí y darme un poco de diversión.

— ¿O existe alguien más que merece la muerte? -replicó Hartich, maliciosamente.

Nizouki reflexionó sobre lo que estas palabras podrían significar. La muchacha quería salvar al jefe y señalar a alguien más, mientras que el jefe, por otra parte, parecía querer mantener a otra persona escondida, para que no fueran asesinados, si así fuera el plan de su oponente.

 

Iba a comprobar cuáles eran sus motivaciones.

— ¿Alguien más? Depende. Es probable. Actualmente, sí. Y si no es esa otra persona, entonces será usted.

Hartich adopto una postura de pelea.

— Aquí nadie es más fuerte que yo.

 

¡Nizouki sonrió interiormente por esta frase que claramente era una mentira! Estaba protegiendo a esta otra persona, justo cuando la muchacha lo protegía a él.

Cuando un Saiyano estaba ayudando a otro, era porque obedecían a esa persona (tal era el caso de los oficiales de alto rango, o simplemente sumisión), o porque amaban profundamente a esa persona. En todos estos casos, cuando enfrentan una amenaza de muerte, los Saiyanos siempre cambiaban de bando. ¡Excepto, como había entendido en la biblioteca, cuando era un ser extraño que no podía soportar el dolor de los demás! Y cuya fuerza provenía de su motivación para protegerlos. Así que todo lo que tenía que hacer era acomodar las cosas.

Se volvió hacia la muchacha, lista para desafiarla, pero ella se había ido.

Hartich aprovechó este movimiento para atacar al hombre distraído, y la lucha comenzó de nuevo. Nizouki recibió algunos golpes más, pero el jefe finalmente golpeó el suelo, dominado por el viejo Saiyano.

Estaba a punto de patear a Hartich un poco más, aunque estaba derrotado, cuando una voz enojada lo interrumpió.

— ¡ALTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

 

 

Otra pequeña chica apareció de repente. Esta interrupción inmediatamente creó una impresión en Nizouki.

Debido a su larga vida como guerrero, ya había conocido a muchos, muchos más Saiyanos para poder adivinar fácilmente su fuerza, su nivel y su experiencia en combate, la tensión que los rodeaba a través de sus ojos. Sin duda, era la más fuerte del pueblo. Pero en ese caso, ¿por qué no era ella la líder? Sólo podía pensar en una cosa...

 

— Deja a mi padre solo. Exclamo la Saiyana.

 

Sí, la única razón posible. Sucedió en algunas aldeas lejanas que el padre no fue sustituido por su hijo, por respeto, al menos no antes de algunos años. Hubo entonces un tercer sospechoso.

La primera chica se había movido y había desviado la mirada, como si dijera "No me importa lo que pase ahora". Él mentalmente quitó su nombre de la lista porque la nueva chica le interesaba más. Este padre estaba protegiendo a su hija... Sucedía en familias que tenían sólo un hijo, pero nunca llegaban tan lejos.

— Uno de ustedes morirá. ¿Con cuál pelearé?

— ¡Yo!, respondieron padre e hija al mismo tiempo.

 

Nizouki regodeó. Al parecer, la empatía era hereditaria. Algo atrajo sus ojos. Se volvió hacia la chica para analizarla mejor y vio que sus ojos estaban rojos. Incluso había llorado.

Las costumbres de los Saiyanos cambiaban dependiendo de las regiones, pero Nizouki nunca había presenciado en ningún lugar del mundo un Saiyano que se atreviera a aparecer cuando las marcas de tal debilidad eran visibles en su rostro.

— ¿Por qué has llorado? -le preguntó el hombre de la ciudad con calma-.

— Eso no es asunto tuyo -respondió ella con calma-.

Me interesa porque podría hacerme cambiar de opinión respecto a la muerte. Si dices la verdad, por supuesto.

— ¿Huh? Hanasia estaba desconcertada por la actitud de ese extraño.

Estaba evadiendo algo. Él los estaba probando. Estaba buscando algo. Y ciertamente no sería capaz de derrotarlo.

— Mi madre está muerta. Dijo Hanasia.

— ¿Así que...?

— Así que lloré porque mi madre ha muerto.

 

Nizouki no entendía. Era un concepto que no podía entender. En su opinión, como en la opinión de todos los Saiyanos, la muerte de un pariente cercano podría conducir a una depresión ligera, ¡nostalgia... en el mejor de los casos! Buscó el vínculo entre esto y el sufrimiento por otros... ¡Los difuntos no sufrían porque ya estaban muertos! Así que parecía mejor centrarse ahora en sus poderes ocultos que en su deseo de ayudar a otros.

— Te desafío. Si no puedes detenerme, te mataré a ti y a tu padre.

Hanasia corrió hacia el extraño y trató de darle un puñetazo, pero él lo esquivó. Ella atacó una y otra vez y Nizouki no hizo nada más que tranquilamente esquivar y parar cada golpe.

El general estaba bastante impresionado por su fuerza, no era tan malo en absoluto. Finalmente, la golpeó con fuerza, pero, para su sorpresa, ella lo esquivó. Pensó que, como no había atacado durante mucho tiempo, no esperaba que la atacara, pero obviamente tenía reflejos agudos.

 

Nizouki siguió atacando y pronto, Hanasia se encontró en una mala posición. Nunca había luchado contra un Saiyano tan fuerte. No era cuestión de poder. Pero era prácticamente evasivo, rápido, eficiente... sus golpes casi siempre alcanzaban su objetivo.

Sus movimientos estaban... más allá de la comprensión y su forma de pelear no era como la de este pueblo, ni siquiera el modo de lucha de los pueblos vecinos tampoco.

Hanasia empezó a jadear y Nizouki consideró que ya era hora de volver a probarla.

— ¿Cansada tan pronto? Pensé que serías más fuerte.

Moviéndose ciegamente rápido, lanzó una ragafa de poder hacia el padre.

Como el jefe estaba observando a su hija en ese momento, notó que era demasiado tarde para un contraataque y no tuvo tiempo para reaccionar. Hartich fue lanzado hacia atrás en la explosión y cayó en el suelo, muy herido.

Cuando se volvió para ver la reacción de la muchacha, la vio furiosamente precipitándose contra él.

No tuvo tiempo de pararla y, por primera vez en la pelea, recibió un golpe realmente poderoso. El guerrero fue lanzado hacia atrás, y algunas gotas de sangre cayeron de su herida. Entonces, Nizouki sonrió mientras golpeaba la tierra sin reaccionar, tan contento de haber encontrado al Saiyano que tanto tiempo había estado buscando.

Fue atrapado en el suelo por otro golpe violento. Hanasia lo aplastó (es decir, estaba "volando" hacia el suelo para evitar que se moviera, de lo contrario habría podido empujarla tan fácilmente como cuando un Saiyano coge una roca) y ella dio varios golpes a su cara.

No debería haber perdido la concentración como lo había hecho. Ahora había recibido demasiados golpes y ya no podía reaccionar. Mierda. Había ido demasiado lejos e iba a morir por su error.

 

 

Hanasia finalmente se detuvo y soltó a Nizouki. Podría haberlo matado. En realidad, dado lo que había sucedido, era sorprendente que no lo hubiera matado. Él la había amenazado claramente a ella y a su padre. Era lógico que ella lo eliminara.

Especialmente considerando que él era mucho más fuerte que ella y que, si se le daba una oportunidad, podía volver y seguir adelante con su amenaza. Aunque los aldeanos también pensaron que ella debía haberlo matado, no dijeron nada.

— Gané, dijo Hanasia. Te prohíbo amenazar a los habitantes de nuestra aldea.

— ¿Me estás dejando vivir? Articuló Nizucchi entre sus dolorosos dientes, mientras miraba al cielo. Realmente eres a quien estoy buscando.

Hubo un momento de sorpresa y luego, Hanasia se dio la vuelta y se alejó en dirección hacia su padre.

— ¿Estás bien? Le preguntó.

Hartich no respondió a esta pregunta, dado lo estúpido que era (y estaba acostumbrado a oírlo) y lo que implicaba (que un Saiyano podría estar ligado a otra persona) y se levantó. Estaba mareado pero lo superaría rápido.

— Respeto tu decisión, pero habría sido mejor matarlo.

— No será necesario. ¡Oye, viejo! -gritó en la otra dirección-. ¡Vete a la mierda! ¡Nuestro lugar pueblo no es un dormitorio para los indeseables!

Los aldeanos rieron maliciosamente, se rieron aún más porque sabían que, si el extraño estaba demasiado herido para salir por su cuenta, entonces Hanasia no dudaría en tomarlo por el pelo o por la cola y arrojarlo fuera.

Nizouki lentamente se levantó lentamente, con cada fragmento de dignidad que todavía tenía. Y luego salió del pueblo. Una vez que estuvo lo suficientemente lejos, buscó un charco de agua para lavar su cara herida y para comer. Dentro de unos días se habría recuperado. Y él volvería.

Cuando su misión había comenzado, ni siquiera creía en la existencia del Saiyano que estaba buscando. Pero ahora que realmente había conocido a este ser extraño, él quería saber si su poder podía aumentar hasta que dominara a todos los Saiyanos…

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